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Así trabajan los técnicos de Valoriza Medioambiente en la recuperación de los árboles dañados

Así trabajan los técnicos de Valoriza Medioambiente en la recuperación de los árboles dañados

Los árboles son una fuente esencial de vida, principalmente en las ciudades, donde ofrecen múltiples beneficios al ecosistema, como regulación de temperatura, captación de C02 o disminución de las turbulencias de aire. Asimismo, su presencia mejora el bienestar psicológico de los residentes y aumenta el valor de las viviendas. Por todo ello, su protección es fundamental.

Un árbol maduro tarda entre 15 y 20 años en desarrollarse. Con la fuerte nevada caída en Madrid a principios de enero, han bastado solo dos días para que muchos de estos ejemplares se hayan venido abajo. Precisamente por las consecuencias de la borrasca Filomena, la labor de los trabajadores de Valoriza Medioambiente se ha intensificado de manera especial en el último mes. Estos técnicos llevan años gestionando el arbolado de los parques públicos no singulares y el arbolado viario de Madrid. Forman parte de la Unión Temporal de Empresa (UTE) que componen el Servicio de Evaluación y Revisión de Zonas Verdes de Madrid (Server) y desde hace dos años y medio, su función se centra en la revisión del arbolado de riesgo.

“Madrid tiene 1.700.000 árboles, es una de las ciudades con más árboles de todo el mundo. Hay 530.000 árboles maduros que están bajo nuestro ámbito de gestión”, explica Diego Martínez, técnico de servicio del Server. Las especies de árboles predominantes en Madrid son el plátano de sombra y el olmo de Siberia, aunque también abundan el pino piñonero y la acacia del Japón.

“Nuestra función se divide en dos ámbitos: conservación de los árboles y revisión de los árboles con riesgo. Hay unos 40 inspectores que actúan ante llamadas de incidencias de Bomberos, Policía o ciudadanos. Tenemos fichas de inspección que las vamos subiendo a una aplicación con 90 campos, donde recogemos diversas características del árboles. En los que tienen riesgo medio-alto programamos una actuación para eliminar el riesgo de ese árbol”, señala Gaspar Soria, técnico en sistemas de información geográfica del Server.

“Intentamos evitar la tala lo máximo posible, la reducción del riesgo siempre la hacemos desde un enfoque conservacionista como servicio preventivo”, añade. “Si vemos que hay un árbol con un riesgo inminente, se saca una incidencia y tenemos equipos que actúan inmediatamente y eliminan el riesgo”, apunta Gaspar.

Tecnología para detectar el riesgo de un árbol

Los inspectores diagnostican el tipo de deficiencia de los árboles en mal estado y con esta valoración se establece el nivel de riesgo que pueden tener. Utilizan resistógrafos para determinar el nivel de resistencia de la madera, tomógrafos para identificar posibles afecciones por hongos y otros agentes externos y tree-radar para comprobar el estado de las raíces. 

El servicio no sólo cuenta con estas actuaciones, sino que también dedica una parte del mismo a una labor investigadora, mediante una amplia colección de datos y patrones de fallos en el arbolado. Para analizar los datos de cada árbol se toma en cuenta este modelo de análisis profundo de patrones de comportamiento.

La última gran nevada de Madrid ha supuesto un reto para este equipo. Según Diego Martínez, cuando se han registrado tormentas importantes, han recogido una media de 500 a 600 incidencias por temporal. “En esta nevada vamos a superar las 5.000 incidencias, y todavía hay espacios no explorados. El piño piñonero es un árbol de litoral y en Madrid no están acostumbrados a un desarrollo estructural bajo estas inclemencias meteorológicas. Con un perímetro de copa de 3 a 4 metros han soportado pesos de hasta dos toneladas, lo que ha provocado el desgarro de numerosas ramas”, apunta. 

Este equipo recibe llamadas de lunes a domingo las 24 horas del día. “El mismo domingo de la nevada empezamos a trabajar. Priorizamos el vuelco de árboles en hospitales, colegios, calles cortadas etc. Ahora seguimos revisando ramas partidas, ya principalmente en los parques”, afirma Diego Martínez.

Una parte muy importante de este proceso es el tratamiento de las ramas caídas. Gaspar Soria explica que las ramas se llevan al centro de compostaje Migas Calientes, situado cerca de la Casa de Campo. “Todas las ramas se trituran para su posterior tratamiento con el objetivo de realizar compost. Se valorizan estos restos para volver a utilizarlos como abono para parques y jardines”.

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