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diez entrenadores en cinco temporadas

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Se hace difícil encontrar una prosa tan alambicada como la del Deportivo de La Coruña en la rica mitología del fútbol, autor de gestas tan sonadas como la Liga del 2000 y el «centenariazo» en el Santiago Bernabéu o de tragedias tan sonadas como el penalti fallado por Djukic contra el Valencia en 1994, tema aún tabú en el noroeste, y el descenso a la laberíntica Segunda B la pasada campaña, primer campeón nacional que pisa la competición. El deportivista tiene cicatrices que luce con orgullo pero que lo atormentan por las noches, porque ser seguidor del equipo se ha convertido en un carrusel de sobresaltos en los últimos años al que directivas y cuerpos técnicos no han sobrevivido. Para encontrar la única constante en los tiempos recientes del equipo blanquiazul hay que ir a la casilla de despidos o abandonos, pues el club, desde el inicio de la temporada 2016-2017, ha tenido diez entrenadores y ninguno de ellos ha completado una campaña en su totalidad, con la 17-18 como paradigma, ya que tres técnicos pasaron por el banquillo. Como aliciente, ha tenido tres presidentes en los últimos dos años, todo bien empaquetado por una deuda que ha hecho que la palabra «desaparición» se pose, aunque con menos fuerza en los últimos años, sobre la ciudad.

Fernando Vázquez ha sido el último entrenador en abandonar el puesto en el club gallego. Así lo anunció el Deportivo el pasado lunes, después de que el equipo solo ganase un partido de las últimas cinco jornadas y se fuese eliminado de la Copa del Rey tras perder 0-1 contra el Alavés, donde el conjunto, por sorpresa, mostró una buena versión alejada de la casquería habitual de Segunda B. En esta competición, el Deportivo se coloca como segundo clasificado del grupo A, en zona de ascenso a la siguiente fase de la categoría. Vázquez se había convertido en un punto de referencia en el fútbol prepandemia al reflotar a un equipo que ya estaba descendido en diciembre, pero que con el de Castrofeito se revitalizó y prolongó su agonía hasta las últimas jornadas, en un final digno de las mejores líneas de le Carré y al que se le denominó como el «Fuenlagate», debido a que el Fuenlabrada viajó a Galicia con varios positivos por coronavirus, lo que obligó a cancelar el partido y, en cierta manera, condicionó la competición al no poderse jugar a la misma hora que el resto de la última jornada. Un enfrentamiento directo entre los coruñeses y la Liga Profesional de Fútbol que aún discurre por las vías judiciales y la burocracia a día de hoy.

Gaizka Garitano, Pepe Mel, Cristóbal Parralo, Clarence Seedorf, Natxo González, José Luís Martí, Juan Antonio Anquela, Luis César, el ya mencionado Vázquez y, en última instancia, Rubén de la Barrera, técnico coruñés de 35 años que desde ayer dirige al «equipo de su vida». La estancia de estos entrenadores pueden clasificarse entre los que propusieron buenas ideas pero que no acabaron de cuajar y los que no consiguieron transmitir personalidad a sus plantillas. Por ejemplo, Garitano consiguió a finales de 2016 conjuntar un equipo que aceleraba en el cuarto final del campo, con jugadores como Ryan Babel o Florín Andone, y que seguramente dio el último fútbol de alta costura que ha visto Riazor hasta la fecha. También Natxo González (fue despedido habiendo mantenido al equipo siempre en zona de playoff) gozó de buenos meses a la vera de Carlos Fernández y Vázquez, en la anterior temporada y con cinco defensas, como en los viejos tiempos, cuando el Deportivo era súper, consiguió ocho victorias consecutivas después de que el equipo hubiese llegado a diciembre con solo una. En la otra cara de la moneda, hombres como Luis César, que solo dirigió once partidos, o Luis Martí, que tuvo la mala fortuna de entrenar al equipo en la noche de San Juan más aciaga de la historia, ya que el Deportivo viajó a Mallorca por el ascenso a Primera con dos goles de ventaja y se volvió con tres en contra.

Deuda y baile presidencial

Tan alucinógenas son las cifras de entrenadores como las de la presidencia. Augusto César Lendoiro puso fin a sus 26 años al frente del club en 2014, bien respaldado por sus numerosos éxitos deportivos (una Liga, dos Copas del Rey y dos Supercopas de España) pero con la entidad en una delicadísima situación económica, con una deuda por aquel entonces de 160 millones de euros. El relevo lo cogió otro con nombre de emperador, Constantino Fernández, que en su primer año como máximo dirigente firmó un acuerdo con la Agencia Tributaria y comenzó una remodelación financiera que, en parte, tiene la culpa de que el Deportivo redujese la deuda en 2020 hasta los 55 millones, pero con muescas de victoria, que al final es lo que manda en el fútbol. Le siguieron en el cargo Paco Zas, Juan Antonio Armenteros casi de forma interina y, a día de hoy, es Fernando Vidal quien se sienta en el trono. En 2020 también llegó el fútbol moderno, con Abanca comprando 35 millones de la deuda y entrando como accionista mayoritario, lo que acabó con otras de las anomalías del club, que más allá de jugar en Segunda B en un campo de 35.000 butacas, fue propiedad de 24.000 pequeños accionistas durante buena parte de su etapa reciente.

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