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El paso de la tía Filomena

Este viernes, el Black Friday con más descuentos en mucho tiempo por la crisis de la pandemia

Antes de la gran nevada que nos trajo la tía Filomena todos sabíamos que enero era un mes inhábil para legislar, pero la borrasca se ocupó de congelar con su cruel manto blanco todas las actividades de los españoles en este aciago mes. Algunos ministros se quitaron la corbata y vistieron unos chalequitos de punto para dar ambiente a sus apariciones en televisión. Después se quejaron de que Pablo Casado cogiese una pala porque a su agente de publicidad no se le ocurrió antes la idea. Si Pablo Iglesias coge una pala, aunque fuese para limpiar la entrada de su casa en Galapagar, tenemos pala hasta en la sopa. Pero así como las nevadas catastróficas no pueden regularse reglamentariamente, las normas pueden alterarse legalmente si existen circunstancias excepcionales como, sin duda, son las que afectan a la Comisión de Sanidad, tal y como advirtió la presidenta de dicha Comisión el pasado 22 de diciembre, alegando que la situación epidemiológica exigía seguir trabajando. Tan evidente era este seguimiento cuando un plan de vacunación que no vaya a paso de tortuga es la urgencia más evidente para hacer frente a la salud de los españoles. Un plan que afecte por igual a toda España y que cuente con todos los recursos logísticos disponibles. La campaña debería ser uniforme y dirigida a través del Ministerio de Sanidad. Pero, como se ve, el ministro de este importante departamento está para otras ocupaciones y el Gobierno no considera necesario ningún respaldo parlamentario para una gestión que demanda concurrencia de voluntades. El Gobierno pide unidad, pero la unidad hay que trabajarla con diálogo.

Sin embargo la Presidencia del Congreso se ha aferrado a la falta de petición del Gobierno, la Diputación Permanente o la mayoría absoluta del pleno para denegar la habilitación excepcional de la Comisión de Sanidad durante el mes de enero. Cualquiera de los supuestos necesitaba contar con los votos de la izquierda. Pero estos supuestos se tuvieron en cuenta para que trabajaran en enero las comisiones sobre el caso “Kitchen” y sobre la reforma que recortaría las funciones del Consejo General del Poder Judicial o para la renovación de los miembros del Consejo de RTVE. Esta denegación explica claramente cuáles son las urgencias según el Gobierno y el desinterés con que trata el tema en que le va la vida a miles de españoles y del que depende la recuperación de la economía y la actividad laboral antes del verano. Al Gobierno no le interesa el objetivo prioritario como es, en nuestros días, en todos los países del mundo gobernados con cierta sensatez, el acuerdo de todas las fuerzas concurrentes en un objetivo que no tiene color político sino que es una demanda vital.

El Parlamento va a estar abierto excepcionalmente para aquello que divide a los españoles y cerrado para aquello que es un anhelo común, como es el sueño de pasar página al episodio maléfico de la pandemia y del hielo. Al Gobierno le interesa mantener en el escaparate parlamentario asuntos viejos, como es el caso “Kitchen”, o cuanto pueda dañar al pasado de la oposición, o tener maniatados a los jueces para entorpecer el ejercicio de su independencia. Si se pregunta a cualquier ciudadano por el caso “Kitchen” o por el funcionamiento del Poder Judicial es lo más probable que se manifieste desinteresado o desinformado. Pero si se habla de las vacunas, todos y cada uno están pendientes de cómo se va a organizar el plan de aplicación de la manera que sea más rápida y efectiva.

Solo un Gobierno desvergonzado como el que padecemos puede mantener abierto el Congreso en enero para tratar asuntos propios de la trapacería partidista y cerrado para el asunto que afecta a la vida de sus compatriotas. No admitir el control de la oposición ni discutir el curso de la campaña de vacunación y entretener al ministro responsable, Salvador Illa, en una aplazable campaña electoral en Cataluña es un ejercicio de cinismo que despoja de respetabilidad a un Gobierno. Después de la gran nevada viene el gran vacío. La visita de la tía Filomena congeló la mitad de enero. El resto del mes es para disimular la pesada carga que supone la coalición sociocomunista para despegar hacia la primavera con toda la fuerza de una sociedad libre y no desde un Madrid que se parece más de lo debido al Moscú de tiempos sobrepasados.

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