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El Ministerio de Hacienda no cuida su histórica sede, patrimonio histórico y Bien de Interés Cultural

El Ministerio de Hacienda no cuida su histórica sede, patrimonio histórico y Bien de Interés Cultural

Madrid
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Finalizadas las obras privadas de rehabilitación del llamado Centro Canalejas, que ha realzado la excelsa manzana de siete edificios singulares presentes entre las calles Alcalá, Sevilla, Plaza de Canalejas y Carrera de San Jerónimo, el Paseante en Cortes ha recorrido con deleite el perímetro y su asombro ha sido mayúsculo al constatar la suciedad y dejadez que blasona el histórico edificio público que alberga al Ministerio de Hacienda, en el nº 1 de Alcalá. Sus soberbias puertas están mancilladas con pintadas y garabatos de colores que lamentan hasta los guardias civiles que custodian sus accesos, pero sin que el responsable de mantenimiento se llame a andana y le remuerda la conciencia por tanta incuria.

La Real Casa de la Aduana es uno de los grandes edificios civiles del siglo XVIII, Bien de Interés Cultural y Patrimonio histórico de España, mandado construir a Francesco Sabatini por el Rey Carlos III (el mejor alcalde de Madrid, como fue bautizado y es recordado) e inspirado en los grandes palacios italianos del XVI, ampliado en 1944 por Miguel Durán Salgado sobre las ruinas bombardeadas del Palacio de Torrecilla, que había levantado Pedro de Ribera entre 1716 y 1731 y cuya portada churrigueresca fue integrada en la nueva construcción de estilo clasicista del conjunto. Es el único edificio de la acera de los impares que muestra desamparo de entre los suntuosos que le siguen hasta la esquina con la calle Peligros, en los que están el de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Palacio de Goyeneche (original de José Benito de Churriguera, que lo construyó en 1720, y luego remodelaron Diego de Villanueva, en 1774, y Fernando Chueca Goitia, entre 1973 y 1985) y el Casino de Madrid (de estilo castizo modernista y edificado en 1903 bajo la dirección del arquitecto y socio casinista José López Sallaberry). Los actuales encargados de ambos conjuntos son fieros luchadores contra las tropelías de los vandálicos e inciviles que pueblan la sociedad.

En la soberbia edificación que ocupa el Ministerio de Hacienda, algo maltratada en sus dependencias interiores, se han llevado a cabo, como es lógico, diversas obras de conservación y adecuación a las actividades y necesidades de cada época. Entre los siglos XIX y XX, destacaron la restauración de su fachada principal (la sur), recuperando el aspecto original de la obra de Sabatini, en piedra vista, y dos ampliaciones que demandaron el constante aumento de competencias: la primera fue la construcción de dos nuevas plantas, que para conservar el aspecto original del edificio se retranquearon de la línea de fachada de modo que no fueran visibles desde la calle; y la segunda, la de 1944, añadiendo una nueva ala donde antes estaba el Palacio de Torrecilla. Sabatini organizó la planta original en torno a tres patios y entre los dos laterales dispuso el cuerpo de la escalera de acceso a los pisos superiores. El alzado, según Madripedia, se dividió en tres alturas: el primer cuerpo es de sillares almohadillados y se abre en cinco puertas: las tres centrales adinteladas y las dos laterales en arco de medio punto. Entre ellas se sitúan ventanas, también adinteladas. El segundo se articula mediante ventanales coronados por tímpanos triangulares y redondeados alternativamente, con una gran balconada central situada sobre la puerta principal del cuerpo inferior, que apoya sobre ménsulas decoradas. El tercero es similar al segundo: de ladrillo, articulado con ventanales cuadrangulares simples. Un ático con balaustrada remata el conjunto y se apoya en mensulones agrupados de dos en dos en los espacios intermedios correspondientes a los ventanales de los cuerpos inferiores.

El conjunto que forman el nuevo Centro Canalejas y los edificios a los que mira en la acera opuesta de las calles Alcalá, Sevilla (donde aún están en remodelación un par de edificios), Plaza de Canalejas y Carrera de San Jerónimo, es ahora, de nuevo, lugar de empaque y prestigio para Madrid que todos debemos preservar y cuidar; empezando por el Ministerio de Hacienda, que debe cancelar cuanto antes las pintadas de sus puertas y mantenerlas siempre limpias y relucientes, al igual que toda su fachada. ¿Es pedir mucho?

El Paseante en Cortes y millones de amantes de la estética y la armonía se lo agradecerán.

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