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LaMelo Ball, el niño de los 92 puntos ya hace historia en la NBA

Emilio V. Escudero


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Al fin, casi cuatro años después de la llegada de su hermano Lonzo a la NBA, un Ball brilla y apunta alto de verdad en la mejor liga del mundo. La bravuconada de su padre LaVar -llegó a decir que sus hijos iban a ser mejores que Michael Jordan-, eso sí, queda aún lejos, pero al menos LaMelo es ya parte de la historia del campeonato al convertirse en el jugador más joven en conseguir un triple doble, superando en ese honor a jugadores como Markelle Fultz, Luka Doncic o LeBron James. Palabras mayores. La actuación del base de los Hornets ante los Hawks (22 puntos, 12 rebotes y 11 asistencias) le sitúa en el camino de los mejores, pero tras solo diez partidos disputados en la NBA el trecho para alcanzar la leyenda del mítico «23» de los Bulls es aún muy grande. Sí que parece que su huella será mayor que la que dejará su hermano Lonzo, al que, por el momento, el campeonato le está viniendo grande.

En la vida de LaMelo Ball nunca hubo otra preocupación que no fuera el baloncesto. Así se lo inculcó su padre desde que cumplió cuatro años y así lo aprendió de sus hermanos. Toda la familia ha vivido siempre por y para la canasta, decidido LaVar a llevar a sus tres hijos hasta la NBA y a convertirlos en estrellas de este deporte. Un objetivo que ha cumplido a medias, pues solo dos de los tres hermanos están en la mejor liga y, por ahora, ninguno de ellos ha llegado al nivel de Michael Jordan, como llegó a pregonar un día el cabeza de familia.

LaMelo, el menor de la saga, ha sido el último en dar el salto al campeonato americano. Lo ha hecho evitando el camino habitual de los jóvenes estadounidenses, pues decidió hace tres años que no iría a la universidad y que prefería convertirse en profesional fuera de su país. Jugó así un año en Lituania, otro en una liga creada por su polémico padre y, por último, en los Illawarra Hawks de la liga australiana. Tres experiencias muy diferentes que le sirvieron para aprender y desarrollar un talento que ya había exhibido con creces en su etapa en el instituto. Allí, con solo 15 años, llegó a anotar 92 puntos en un solo partido, actuación que le situó en el radar de los grandes equipos de la NBA, que le siguieron desde entonces como lo habían hecho antes con sus hermanos Lonzo y LiAngelo. El primero, elegido por los Lakers con el número 2 del draft de 2017, nunca ha llegado a cumplir las expectativas que se crearon con su llegada a Los Ángeles; el segundo, que ni siquiera fue drafteado en 2018, sigue intentado encontrar un sitio en alguna franquicia, aunque sin suerte por el momento.

Solo LaMelo parece haber entrado con buen pie en la liga y eso que sus primeros partidos no fueron alentadores. En su estreno con los Hornets se fue sin anotar, dejando en su estadística personal apenas un rebote y tres asistencias. La confianza en sí mismo, esa que su padre se esforzó por inculcar en sus vástagos y que reforzó una y otra vez con sus declaraciones altisonantes en los medios, es la que le ha permitido ir ganando el cariño de su técnico y sus compañeros hasta convertirse en una pieza clave de los Hornets. Hasta ahora, LaMelo ocupa un rol secundario, de sexto hombre, pero ya hay voces que piden su titularidad por delante de un DeVonte Graham que no ha comenzado bien la temporada.

A sus 19 años, el pequeño de los Ball es uno de esos jugadores que enamoran cuando sale a la pista. Desde sus 2,03 metros, es un base atípico que pelea por cada rebote y que busca siempre a sus compañeros. Sin ser un gran anotador, si tiene el día puede ser letal. Ahora le toca confirmar que este precoz triple doble no es una casualidad y que las palabras de su padre no estaban tan desencaminadas.

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