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Duelo de cincuentones en el Dakar

Adrián Mateos


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Otro gran espectáculo desafía al coronavirus y se apresta a vivir su edición más singular por el dichoso Covid. El Dakar estrena su 43 certamen entre los efectos que provoca la pandemia y la eterna polémica que suscita respecto a los derechos humanos el régimen de Arabia Saudí. Se blinda la carrera en el desierto árabe para garantizar su desempeño al estilo del Tour de Francia. ASO es la empresa que organiza ambos eventos y ya tiene experiencia en salvar competiciones masivas que requieren el movimiento de cientos de personas. En este escenario busca Carlos Sainz su cuarto título de campeón con el Mini ganador del año pasado, frente a la competencia habitual, Al-Attiyah y Stephane Peterhansel. Y persigue un sueño Nani Roma, que presenta junto al multicampeón de rallys Sebastien Loeb un coche nuevo (el Bahrain Raid Extreme) con alguna posibilidad de vencer. Serán 70 pilotos españoles en diversas categorías y un ecosistema cerrado de 555 participantes que retan al desierto, a los peligros y al virus.

El fundador del rally, Thierry Sabine, solo pudo contemplar su obra durante ocho años. El París-Dakar nació en 1978 y el aventurero francés murió en 1986 en un accidente en Malí al estrellarse su helicóptero contra las dunas. Desde 2001 no sale la prueba de resistencia desde París y ha ido perdiendo ese apéndice de localización para convertirse directamente en el Dakar. Tampoco llega la carrera a las playas de Senegal, pero conserva la marca después de recorrer durante diez años las pistas sudamericanas y de aterrizar el año pasado en la nueva meca del deporte, Arabia Saudí, que compra competiciones a golpe de talonario.

31 muertos

Durante sus 42 ediciones, la muerte ha visitado el Dakar sin remisión. 31 pilotos han perdido la vida en rutas, dunas y desiertos, y también un buen número de espectadores han fallecido por atropellos, vuelcos o accidentes diversos.

La tragedia es parte del Dakar, pero la carrera nunca se había medido a una pandemia. Ya en 2020 el virus se dejó sentir en la carrera. Varios mecánicos de diversos equipos sufrieron algo parecido a una fuerte gripe y alguno tuvo que retirarse de la carrera. Se asomaba ya en enero pasado en Arabia Saudí el germen del fatídico Covid.

La carrera ha vivido una cierta zozobra en 2021, al decretar Arabia el cierre de sus fronteras debido a la cepa británica del virus. La organización tuvo que fletar ocho vuelos chárter más los diez previstos para trasladar a la caravana de participantes al país asiático.

A partir de ahí se creó la burbuja de salud que funcionará hasta el día 15, final de la prueba. Pilotos, mecánicos o periodistas deben presentar una PCR negativa después de un aislamiento de 48 horas en un hotel. Y ya en carrera, los equipos no podrán entrar en contacto con otras formaciones y mucho menos con el exterior.

Carlos Sainz se asoma a la carrera como principal favorito junto al catarí con el que ha montado una rivalidad prolífica en este deporte, Nasser Al-Attiyah. Dos marcas, Mini y Toyota, y dos veteranos del motor, 58 años el español y 50 el catarí. El tercer pasajero de este pronóstico futurista también sobrepasa la cincuentena. Stephane Peterhansel tiene 55 y ha ganado trece veces el rally más duro del mundo.

El trío lleva más de una década protagonizando duelos intensos en los desiertos de Latinoamérica y el año pasado en Arabia, y lo normal sería que la pelea se reeditase en esta edición. Carlos Sainz, que las ha vivido de todos los colores durante más de treinta año de trote motoril por el mundo, se presenta en el Dakar y habla de «hambre» a sus 58 años. El madrileño cimenta su espíritu competitivo, según dice, en la pasión que le provoca preparar los coches, conducir por las arenas y disputar los tiempos a sus rivales. Será su Dakar número catorce. «No se puede estar acabado a los 58 años», declaró en una entrevista en ABC.

El Dakar es la pieza que busca este trío de supervivientes, salvo que la sorpresa salte en una pareja que está al asalto de los cincuenta, el español Nani Roma (48 años) y el francés Sebastien Loeb (46). Se trata de dos pilotos con un palmarés soberbio (Roma, campeón de coches y motos en el Dakar; Loeb, nueve veces ganador del Mundial de rallys) que estarán al volante de Prodrive patrocinado por el emirato de Bahréin, que ha generado una potente expectación en un 4×4 debutante. Se trata de prototipo impulsado por un motor V6 de casi 400 caballos que llega con el objetivo de «luchar con los mejores de la disciplina».

A destacar el buggy Peugeot de despres y Horn, impulsado por combustible de hidrógeno, sin emisiones de CO2, y que cuenta para ganar. Un proyecto que responde a la voluntad de ASO de obligar a todos los competidores a utilizar hidrógeno a partir de 2030.

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