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Covite detecta 193 actos de enaltecimiento de ETA este año, un 57% más

Adrián Mateos

Bilbao
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Con tres mallas metálicas, un escritorio y una cama, las juventudes del nacionalismo radical simularon la celda de un preso de ETA en plena calle de Burlada, en Navarra. De esta forma pretendió la organización Ernai honrar a los reclusos terroristas y reclamar su acercamiento. Aquello ocurrió pasado sábado. Apenas un día antes, los batasunos colgaron en Lesaca fotografías de cuatro etarras del municipio. Lo hicieron junto a una estatua del Olentzero, toda una atracción para los más pequeños.

Estos son apenas dos ejemplos de los 193 actos de apoyo a ETA que el Observatorio de la Radicalización de Covite, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo, ha documentado a lo largo de 2020. Es decir, un 57% más que los que se contabilizaron el pasado año (108). «Pese a que el fenómeno de la radicalización violenta ultranacionalista en el País Vasco y en Navarra no disminuye, las instituciones continúan sin tratar este asunto con la seriedad y la urgencia que merece», ha denunciado la asociación que preside Consuelo Ordóñez.

En este sentido, ha apuntado en un comunicado que el Plan Nacional de Prevención «se ha centrado en el yihadismo y ha ignorado el principal foco de radicalización» de España, «que es el ultranacionalismo vasco». «Las políticas públicas de desradicalización y de prevención de la radicalización brillan por su ausencia», sentencia.

La mayoría de los actos de apoyo a ETA se detectaron en Vizcaya (92), Guipúzcoa (60) y la Comunidad navarra (30). En Álava se documentaron seis, y en el País Vasco francés otros dos. También hubo tres casos en Madrid, Murcia y Barcelona.

Respecto a la tipología de actos registrados en el Observatorio de Radicalización, 82 han corresponden a pintadas y pancartas de ensalzamiento explícito de ETA o los presos; 65 fueron manifestaciones en las que se reclamó la amnistía de los reclusos —no el acercamiento, subraya Covite—; y 18 fueron homenajes públicos a miembros de la banda fallecidos o a su salida de la cárcel. También hubo fiestas populares para hostigar a la Guardia Civil (4), como el llamado «Ospa eguna» de Alsasua o el «Tiro al facha» de Etxarri Aranatz. El resto de actos se han encuadrado en la categoría de «Otros». Son, entre otros, quemas de cajeros y contenedores.

«Aunque ETA ya no mate, las ideas que llevaron a los etarras a matar siguen ahí, asumidas por una parte de la población del País Vasco y de Navarra», advierte Ordóñez, quien añade que el culto al terrorista «es el pan de cada día» en las calles de ambas autonomías.

Por ello, Covite ha vuelto a reclamar a las instituciones vascas que cumplan con la ley vasca de reconocimiento y reparación de víctimas del terrorismo, que fuerza a los poderes públicos «a prevenir los actos que ensalcen el terrorismo o humillen a las víctimas». «Se debe pasar de las declaraciones institucionales de condena de estos actos a planes concretos de prevención de la radicalización», sentencia.

La asociación acusa también a la Audiencia Nacional, que «hasta ahora ha archivado todas las denuncias presentadas» por homenajes públicos a etarras a su salida de prisión, un total de 27 desde 2016. En este sentido, destaca que «no tiene voluntad de aplicar el artículo 578 del Código Penal como sí lo hacía hasta hace unos años» debido a «la dudosa excusa de que no hay riesgo de que ETA vuelva a utilizar la violencia porque está disuelta».

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