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La última noche que los británicos fueron comunitarios

Ivannia Salazar

Corresponsal en Londres
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El 31 de enero del 2020, el Reino Unido dejó oficialmente de formar parte de la UE. Sin embargo, el divorcio tenía que consumarse en realidad, con todas sus consecuencias, tras un periodo de transición de 11 meses que acabó ayer. Con la marcha del 2020, también la nación compuesta por Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte se fue de forma definitiva del bloque comunitario, tras una decisión tomada por la mayoría de los ciudadanos el 23 de junio de 2016. Aquel día, prácticamente la mitad de los votantes eligió en un histórico referéndum abandonar el bloque, tras la promesa que había realizado el conservador David Cameron.

Era 1973 cuando la comunidad económica europea atravesaba un importante crecimiento económico, Reino Unido se unió al grupo, 16 años después de que fuera creada con la firma del Tratado de Roma en 1957. Aquel fue el inicio de una unión de países que, sin embargo, no tuvo en los británicos a sus miembros más convencidos. De hecho, no dejaron su moneda por el euro y tampoco dejaron las fronteras sin controles, ya que decidieron no formar parte del Acuerdo de Schengen, que entró en vigor en 1985.

Así que su salida, pese a que ha sido un incordio de negociaciones interminables que finalmente se saldaron con un acuerdo comercial con la UE, que fue anunciado el pasado 24 de diciembre por ambas partes, tampoco fue una sorpresa. El año pasado, el día del Brexit se echaron a la calle tanto los partidarios del Brexit como los que querían quedarse en la UE. «Esta noche hemos abandonado la UE, un extraordinario punto de inflexión en la vida de este país. Unámonos ahora para aprovechar al máximo las oportunidades que nos brinda el Brexit y desatemos el potencial de todo Reino Unido», tuiteaba el primer ministro Boris Johnson mientras la plaza del Parlamento se llenaba de banderas británicas y europeas, con dos facciones claramente encontradas, y once campanadas y el «God save the Queen» pusieron fin a 47 años del país en la UE. También los partidarios del «remain» hicieron una vigilia a favor de la permanencia, una mezcla entre protesta y decepción. Diferentes organizaciones pidieron a la gente encender velas como muestra de esperanza mientras un partidario del Brexit quemaba una bandera europea frente a Downing Street.

Sin embargo, la pandemia del coronavirus impidió que esta vez las emociones pudieran demostrarse de esta forma. Solo en Inglaterra, 8 de cada diez personas recibieron el año nuevo en un estricto confinamiento, por lo que las manifestaciones estaban prohibidas. El sufrimiento o el regocijo se vivieron en la intimidad o, a lo sumo, en las redes sociales. Fue el caso de la vigilia de 12 horas organizada por el movimiento con sede en Bruselas «The New Europeans», que lamentaron en un comunicado el final de la libre circulación de ciudadanos entre ambos lados del Canal de la Mancha. La actividad, trasmitida en streaming, incluyo canciones, actuaciones y entrevistas pre-grabadas, ademas de la firma de una declaración de solidaridad entre los ciudadanos británicos y el resto de comunitarios. «Como muestra de solidaridad, le pedimos a la gente mirar mas allá de la política hacia las vidas humanas que han sido tocadas de tantas formas positivas como resultado de la libertad de movimiento y de la superación de las fronteras», pidió Roger Casale, exparlamentario y fundador de la organización. Otras iniciativas semejantes se pusieron en marcha, pero la obligatoriedad de cumplir con la distancia social y las medidas de permanecer en casa restaron color, y por que no decirlo, dramatismo, al divorcio consumado de forma definitiva, que solo vivió su momento de gloria de forma virtual.

Como nota curiosa, trascendió que Stanley Johnson, padre del primer ministro, confirmó ayer mismo que ha solicitado el pasaporte francés. «No se trata de convertirse en francés. ¡Si soy francés! Mi madre nació en Francia, su madre era completamente francesa al igual que su abuelo. Para mí, es una cuestión de obtener lo que ya soy y estoy muy feliz por eso», manifestó el que fuera eurodiputado hace ya 40 años -tiene 80- y uno de los primeros funcionarios en trabajar en Bruselas, que además hizo campaña para que el país quedara en la UE en el 2016. El padre del «premier» se unió así a más de 350.000 británicos que solicitaron en estos cuatro años y medio la nacionalidad de otro estado de la UE.

Así que Reino Unido se fue anoche en silencio, interrumpido solo por las campanadas del Big Ben, que sonó a las 11 de la noche -la medianoche en Bruselas- aunque la versión oficial del gobierno es que no era por el Brexit, sino solo una parte de las pruebas para la celebración del año nuevo a las 00.00 horas, después de que su sonido no llenara la noche londinense desde el 2017, debido a las obras de renovación. «No puedes decirle al inglés ‘no eres europeo’. Europa es más que el mercado único, es más que la Unión Europea. Dicho esto, tener un vínculo así con la UE es importante», dijo el padre del primer ministro que consumó una separación cuyas consecuencias aun están por verse.

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