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Año 2021: no se hagan ilusiones

Año 2021: no se hagan ilusiones

Tengo yo dos astrólogos, o cosa así, de cabecera que parecen serios, vamos, que no encubren sus discutibles profecías en propaganda de feria, o en profecías al estilo de la entrañable Aramís. De vez en cuando aciertan, aunque me suele parecer que sus pronósticos son más lucubraciones genéricas que los anticipos de Nostradamus. Hoy, en el primer día del 21, cuando el infausto 20 ya se ha ido a las porqueras, he recurrido a sus saberes por si sus anticipos nos entregan algún signo de esperanza. Y ¡qué les voy a decir, no se hagan ilusiones! Uno de ellos, que se mueve en youtube con cientos de miles de seguidores, aventura, como mejor vaticinio, que 2021 va a ser el año de la ciencia, pero sobre todo de las ciencias de la salud que darán un estirón descomunal, porque en doce meses las investigaciones, los descubrimientos, las innovaciones, serán mayores y mejores que las habidas en toda la década transcurrida. Realmente, un embrión de este augurio ya lo hemos comprobado en estos meses pasados cuando la ciencia nos ha ofrecido una vacuna eficaz y rápida que no habríamos podido soñar en decenas de años pasados.

En este punto, en el que las ciencias adelantarán que es una barbaridad, se quedan los buenos presagios de nuestros serios, más o menos, visionarios. A partir de aquí todo es una nebulosa de anuncios que, en todo caso, no se atreven a augurar, por ejemplo, cualquier nuevo tsunami asiático, o un terremoto en la falla de Granada, pongamos por ejemplo y sin afán, claro está, de señalar. Como mayor riesgo, mis astrólogos de cabecera predicen que este 2021 representará el inicio de una nueva era; es más, señalan que este comienzo hay que contarlo a partir del día 21 del pasado diciembre. Para los medidos augures, la nueva era hay que determinarla con tres caracteres: la incertidumbre, la “falta de apacibilidad”, y la ruptura de convivencia en los países más desarrollados. Por lo que se refiere a este último asunto, lo que quieren decir los citados es que lo que parece que nos va a traer este año es una quiebra casi irreversible de las sociedades en dos mitades irreconciliables. Entiendo yo que esto es igual a la instalación de una política de bloques que ya se ha empezado a asentar sin ir más lejos en España. En todo caso, este aviso de cariz sobre todo político, es el único que los susodichos astrólogos se atreven a ofrecer en su muestrario de advertencias.

Y, ¿qué es esa “nueva era” que nos previenen? ¿en qué consiste realmente en opinión y veredicto de nuestros pronosticadores? Pues a lo más que llegan es a asegurar que se avecinan unos años (por lo pronto no más de tres o cuatro) en que se producirán transformaciones decisivas para la Humanidad, digo yo que en la línea de los avances científicos que hemos relatado. En este trance, dan un paso arriesgado y afirman que estos cambios serán tan grandes como los que, literalmente, se produjeron en tiempos de Lutero, o sea en aquel movedizo siglo XVI en el que, evidentemente, la cristiandad palideció con una división que ha sobrevolado toda la historia desde entonces a acá. ¿Qué traducción puede hacerse de esto ya en la tercera década del siglo XXI? Pues en sólo un indicio: que los llamados populismos retrógrados -así los llaman ellos- han venido para quedarse y que se está produciendo ya una carrera en todas las sociedades para sustituir la experiencia de los maduros, por las prisas y el desquiciamiento de los “millenian”. Quizá los anticipadores han tenido muy en cuenta para sus presagios que en este ejercicio se retira la mujer que ha sido mucho tiempo el referente de Europa, Angela Merkel, la única que ha resistido el avance de los jóvenes tiburones que gobiernan hoy en Francia, en España, en Austria o en el Reino Unidos. Aquí, la verdad, los adivinadores no se han mojado mucho; la realidad engorda sus envites.

De tejas hacia abajo, es decir en lo que nos afecta a los cronistas del día, no a los predictores del futuro, por cercano que éste sea, cometo aquí la intrepidez de adelantar tres acontecimientos que se pueden producir en poco tiempo en España: primero, no es seguro que las elecciones catalanas se celebren el 14 de febrero. La pandemia regional no aconseja por ahora respetar esa fecha. Segundo, según fuentes del Supremo, el futuro judicial del líder leninista Pablo Iglesias está más que comprometido. Si es así, si termina en los tribunales, la larga legislatura que propala Pablo Sánchez no se cumplirá, más bien lo contrario. Tercera, un pronóstico muy personal, con perdón. El Real Madrid ganará la Liga. Espero con moderada convicción. De todo lo antedicho, es lo más seguro. Feliz, en todo caso, año 2021.

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