Economía

«El riesgo es que los de siempre accedan a los fondos europeos para hacer lo de siempre»


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Ahora que todos hablamos de digitalización, conviene escuchar a una de las voces que puede hacerlo con más propiedad en nuestro país. Presidente y cofundador de la escuela de negocios digital ISDI, ex vicepresidente de Yahoo en Europa y ex director general de Google en España, Portugal, y Oriente Medio, Javier Rodríguez Zapatero (no, no hay lazo familiar con el ex presidente del Gobierno) acaba de publicar «Por una España Digital», donde recoge su particular hoja de ruta para que nuestro país y sus empresas cambien definitivamente su antiguo chip.

–El desastre del Covid parece haber servido al menos para que la sociedad valore la innovación y la investigación y para que la digitalización dé un paso adelante. ¿Tenemos ahora un terreno abonado para inculcar en el país eso que en su libro llama «cultura digital»?

–Me atrevería a ir más lejos y a decir que este es un momento de ahora o nunca. Parece que, por primera vez en mucho tiempo, todos coincidimos, también los políticos, en que España necesita un cambio de modelo productivo, y que este pasa por digitalizarse en todos los sentidos, no solo tecnológicamente, sino como modo de funcionar, de innovar y de crear empresa. Y además, resulta que va a haber fondos europeos destinados a este cambio. Vamos a tener dos años para hacer los deberes que teníamos que haber hecho en los últimos diez. Veo que es un momento clave. La única parte positiva de esta crisis es que a lo mejor nos despierta y nos hace ver que podemos tener una España digital.

–¿No es alto el riesgo de que las urgencias económicas nos lleven a abandonarnos a la tentación de no tocar lo que ya funcionaba antes del Covid?

–Claro, por eso digo que es ahora o nunca. A diferencia de la de 2008, esta no es una crisis financiera. Hay fondos para atacarla, pero el riesgo sería que los de siempre fueran los que accediesen a estos fondos para hacer lo de siempre. En ese sentido, toda esta colaboración público-privada que tiene que producirse ahora debe estar muy bien vigilada.

–Le veo optimista sobre la capacidad de nuestros políticos para lograr acuerdos de Estado sobre ese nuevo modelo económico, pero lo cierto es que nunca se han caracterizado precisamente por su capacidad para entenderse…

–Es verdad que desde los Pactos de La Moncloa nos hemos mostrado bastante ineficientes a la hora de trazar una visión común de país, y en ese sentido no soy positivo. Pero cuando hablo en el libro de un pacto de Estado me refiero sobre todo a la Educación, que es donde veo el eje primordial para cambiar este país a largo plazo. Y luego habría que hacer también un pacto para transformar el sector público y la administración… ¿Si soy optimista al respecto? Pues no, pero lo que no voy a hacer es quedarme parado. Mi libro lo que pretende es ir llamando a conciencias para que exista mas preocupación por la Educación, por el cambio de modelo productivo… en lugar de estar todo el día en Twitter tirándose los trastos a la cabeza. Nosotros, como sociedad civil, también tenemos que gritar más alto. Ser más exigentes, menos acomodados.

–Pero precisamente, estos días hemos visto que la Educación aún es un arma arrojadiza. ¿Corremos el riesgo de perder el tren de la capacitación tecnológica entre las disputas partidistas?

–Sí, en el ámbito educativo debemos empezar ya a pintar desde cero cuáles son nuestras necesidades. Si comenzamos hoy, dentro de 20 años tendremos algo que en esta revolución digital es lo más escaso: el talento. A la tecnología podremos acceder todos antes o después, pero el talento tarda en generarse. Todos los análisis sobre cómo estamos en digitalización coinciden en que fallamos estrepitosamente en capacitación de nuestro personal.

–Defiende que el cambio no pasa por apostar por nuevos sectores, sino por impulsar aquellos en los que ya somos fuertes con macroproyectos tractores…

–Así es, para reconstruir un país hay que reforzar sus fortalezas. La tecnología es un factor habilitador transversal. La debemos utilizar para que nuestros sectores potentes (turismo, ocio, construcción, automoción, agrario…) se modernicen. Es por ahí por donde hay que ir, aplicando esos grandes planes. Y creo que el diagnóstico, por primera vez, está mejor hecho que otras veces. Ahí sí que soy positivo, y creo que los políticos, que siempre han tocado un poco de oído, ahora empiezan ya a afinar notas. Ahora se trata de que de verdad ejecutemos.

–Lanza un idea muy llamativa y que no dejará indiferente a nadie, en especial a las telecos: internet de un giga gratuito para todos los españoles…

–Reconozco que es una apuesta un poco provocadora, para que la gente diga: «Está loco». Pero no lo estoy. Cuando invertimos en tener infraestructuras de Alta Velocidad es porque sabíamos que podían rentabilizarse con los años. Si ahora somos capaces de cerrar una infraestructura puntera en internet lograremos que en poco tiempo exista innovación asociada a las nuevas tecnología que necesitan internet de altísima calidad y consumen mucho ancho de banda (inteligencia artificial, computación cuántica…). Mi sueño es que cualquier persona desde cualquier pueblo acceda a internet con toda su potencia. Sería una inversión de futuro. Y no iría en detrimento de las telecos. Igual sería el Estado quien tendría que pagarlas, como ocurre en otros países…

–¿Aún hay demasiadas barreras burocráticas para la innovación?

–En este aspecto soy muy liberal. Debemos favorecer un entorno que generen nuevas startup, que faciliten su camino. Y eso significa bajar barreras legislativas y favorecer la llegada de la financiación. Es necesario: en España se están invirtiendo unos 1.500 millones en startup y solo en Silicon Valley 140.000.

–¿Aprecia mayor vocación emprendedora en la sociedad o nuestro sueño aún es convertirnos en funcionarios?

–Se ha ido cambiado esa mentalidad, pero muchas veces por necesidad. No hay aún en España un ADN emprendedor que permita que salga otro Amancio Ortega o un nuevo Juan Roig. Esta falta de referentes también incide en nuestra falta de cultura emprendedora, en el miedo al fracaso que tienen los españoles, en ese horror a a sentarnos en primera fila…

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