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Cuando la cultura se queda en nada

Cuando la cultura se queda en nada


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Decía el poeta que es difícil escribir cuando no pasa nada.

Pero es que estamos en una época en la que pasa de todo cuando no pasa nada.

Escribir es difícil y no pasa nada. Escribir y decir lo mismo y lo contrario es fácil y no pasa nada. Leer es un ruido atronador y constante y no pasa nada. Y eso no hay Ministerio de la Verdad, del Amor, de la Abundancia o de la Paz que lo arregle, y no pasa nada.

Pero entre tantas nadas pasa de todo.

La tienda cierra y no pasa nada.

Los políticos pactan y no pasa nada. Los políticos no pactan y no pasa nada. Las leyes cambian y no pasa nada.

El libro se cierra porque no se abre y no pasa nada.

La Cultura cierra, con algunos rayitos de luz virtual (Dios los bendiga), y no pasa nada. La vida se encierra y no pasa nada.

La autocensura se siembra, se riega y germina, alcanzando hechuras de hermoso edificio y una luminosa y engañosa seguridad de diez plantas, y no pasa nada.

Ahora ya nadie pregunta ¿Cómo podemos hacerlo? Ahora, como mucho, algunos preguntan ¿Está prohibido? Ahora, casi todos, no preguntan, y no pasa nada.

Pero es que, entre tantas nadas pasa de todo.

Pero es que, entre tantas nadas pasa de nada.

Y la nada es un todo que nos enseña a pasar de todo y que no pase nada.

Y cuando no pasa nada, todo importa porque nada importa.

Y todo está prohibido porque asumimos que todo está prohibido.

Cruzamos esa delgada línea roja que va desde el valle de todo lo que no está expresamente prohibido está permitido a la montaña todo lo que no está expresamente permitido está prohibido; y no pasa nada, porque nunca pasa nada cuando nada es lo que pasa.

Pero no importa, porque no está pasando nada y no le está pasando a nadie.

En una época en que todo es la suma, con cara de nada y con cara de todos, de todos nuestros nadies y de todas nuestras nadas, todo va bien mientras nada pasa.

Rememorando a José Hierro, entre tantas nadas, se me ocurre de todo. Pero como la mayoría está prohibido, o lo que es peor, creemos que lo está, aunque ninguno muy bien lo sepamos y nadie quiera desmentirlo, les dejo este, su poema, remedado y remendado. Y que Hierro y ustedes me perdonen:

Después de nada, nada ha sido todo,

a pesar de que un día fue nada.

Después de todo, que es después de nada,

supe que nada no era más que todo.

.. Grité «¡Nada!», y el eco dijo «¡Nada!».

Grité «¡Todo!», y el eco dijo «¡Nada!».

Ahora sé que el todo era la nada,

y que todo es la ceniza de nada.

.. queda todo de lo que es nada.

(Era cierto que lo que creía todo

no es más, en definitiva, que la nada.)

.. Qué más da que el todo sea nada

si más todo será, después de todo,

después de tanta nada para nada.

Después de todo, después de nada, la vida, la cultura, se queda en todo y en el todo, se queda en nada y en la nada. Pero, aunque nos la traten de vender, no compremos que esa nada es nuestro todo, porque al final llenaremos nuestro todo de cajitas, tan hermosas por fuera, como llenas de nada por dentro.

Y que la Cultura vuelva a ser un Todo.

Pues muchas gracias por todo.

De nada.

POR CARLOS RODRIGO

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