Economía

España ya es país de inventores

Laura Montero Carretero

Madrid
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Descubrimientos como la fregona, el submarino eléctrico o el teleférico confirman que aquella frase de Miguel Unamuno de «que inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones» nunca fue del todo real. Esta semana se celebraba el Día Internacional del Inventor, una efeméride a la que España llega en buen momento, tras haber ido avanzando en los últimos años en materia de innovación. Las solicitudes de patente presentadas en la Oficina Europea de Patentes (OEP), uno de los termómetros para medirlo, marcaron en 2019 un máximo histórico al registrarse un total de 1.887 peticiones, lo que supone un crecimiento interanual del 6% y cinco ejercicios consecutivos de aumentos. Una tendencia al alza que demuestra que el afán por ingeniar está presente en las empresas e investigadores a pesar de que, a nivel país, todavía arrastramos viejos lastres como el reducido tamaño del tejido empresarial o la falta de coordinación entre las instituciones académicas, grandes generadoras de propuestas revolucionarias, y el sector privado.

«Nuestra primera valoración es que estamos ante un incremento en la capacidad para invertir en investigación y en desarrollo, junto con un incremento en general de toda la actividad del sector innovador español. El crecimiento es sostenido y está por encima de la media de los 38 estados de la Convención Europea de Patentes, lo cual es muy reseñable», asegura a ABC Luis Berenguer, portavoz de la OEP, que recuerda, eso sí, que si bien el dato es «tremendamente positivo», España sigue muy lejos en lo que debería corresponderse con su capacidad económica en comparación con otros países que, con menos capacidad económica, registran muchas más patentes.

Lo cierto es que, aunque España ha mejorado en términos de invención (en el ranking que elabora la OEP se sitúa en el puesto 15 de un total de 50 países), sus números están a años luz de los que presentan vecinos europeos como Alemania, segunda en la clasificación con 26.805 solicitudes, Francia (10.163), Suiza (8.249), Países Bajos (6.954) o Italia (4.456). «Son países donde la cultura de la innovación forma parte del tejido empresarial, también de las pequeñas y medianas compañías, y en los que los vínculos entre universidades y sector privado a la hora de transferencia de la tecnología, de crear spin-off o incluso de vender y licenciar tecnología es muy potente», explica Berenguer. En España, en cambio, «no está en la cultura de las pymes el tema de investigar para desarrollar una patente». Algo que es especialmente preocupante si se tiene en cuenta que, según las últimas estadísticas del Directorio Central de Empresas del INE, el 82,9% de las compañías nacionales tienen dos o menos empleados.

En cualquier caso, Berenguer piensa que otra de las razones que dificultan que España, desde la perspectiva de las patentes, se consolide como un foco de innovación es que aún no ha ratificado el acuerdo para la creación de una patente unitaria con validez en toda la Unión Europea. El argumento esgrimido hasta la fecha ha sido que el español no figura entre las lenguas oficiales reconocidas por este instrumento para presentar las solicitudes –lo son el inglés, el alemán y el francés–. «Ahora entendemos que hay otras prioridades para el Gobierno, pero esperamos que se pueda solventar», señalan desde la OEP.

Si España quiere afianzarse como referente en materia de innovación debe afrontar también el reto de estrechar lazos entre el mundo académico y el empresarial. «En nuestro país no hay un tejido productivo que pueda hacer algo sólido con la universidad. Para una micropyme o un autónomo que lucha por sobrevivir tener un acuerdo estable con una universidad es lo último que se plantea», señala Benjamín Martínez, especialista en propiedad intelectual de ClarkeModet.

El otro gran desafío es conseguir que las empresas se involucren con la innovación y puedan convertirse también en el germen de nuevas patentes. «Nos falta un tejido empresarial e industrial sólido y, sobre todo, propio. Nos hemos acomodado a la dependencia del sector del turismo», lamenta Enrique Villacé, presidente de la Asociación Española de Inventores (AEI). En su opinión, es también un problema de mentalidad: «Nosotros peleamos continuamente para ofrecer invenciones a las empresas y, cuando hacemos las presentaciones del producto, están muy poco receptivas. Lo nuevo da un poco de miedo». Asimismo, defiende que es necesario eliminar trabas administrativas: «Hay un exceso de burocracia que al final puede ir desgastando al inventor».

Enrique Martín, socio director de Ibidem Abogados y especializado en el área de propiedad industrial, piensa que los gobiernos españoles «siempre han sido muy cicateros a la hora de promover la innovación»: «Igual que que se dirigió buena parte de la inversión privada a las industrias verdes, se puede generar un marco de incentivos fiscales suficientemente poderoso y valiente como para que las empresas se quieran arriesgar en contratar doctores e ingenieros y crear líneas de intraemprendimiento para desarrollar nuevas tecnologías». España tiene una representación de investigadores vinculados profesionalmente a empresas del 37,29%, por debajo de la media de la UE, del 51,47%.

Aun con todos estos obstáculos, nuestro país ha esprintado en la carrera de la innovación. «La España que un abogado experto en patentes ve ahora no se parece en nada a la de hace 20 años. En el pasado había muchas patentes de máquinas sencillas o relacionadas con industrias de la manufactura, mientras que en la actualidad llegan patentes químicas, de robótica, de nutracéutica… el nivel de sofisticación es cada vez mayor», asegura Enrique Martín. En 2019, la industria farmacéutica fue el campo tecnológico que acaparó el mayor número de solicitudes de origen español en la OEP, con un total de 165 y un crecimiento del 2,5%, seguida del transporte y la tecnología médica, que avanzaron un 23,7% y un 10,3% respectivamente.

Impacto del Covid

La situación sanitaria desatada por el Covid, que exigía respuestas ágiles y directas, ha dado un nuevo impulso al espíritu inventor. «Ha habido una reacción muy fuerte en las organizaciones españolas. Algunas han tenido que innovar para adaptarse a las nuevas circunstancias y otras han visto oportunidades en el mercado», dice Martínez, de ClarkeModet.

La necesidad de respuestas rápidas ha estimulado la actividad inventora en España

Entre enero y septiembre de 2020, la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) recibió 1.120 solicitudes de patentes nacionales, un 13,71% más que en el mismo periodo de 2019. «Debido a los plazos y tiempos de la protección de la Propiedad Industrial y en concreto de las patentes, resulta aún pronto para apreciar el impacto en toda su dimensión, pero todo apunta a que cerraremos el año con un incremento importante en el número de solicitudes de patente, y al menos con cifras en positivo», afirma José Antonio Gil Celedonio, presidente de la OEPM.

Dispositivo para desinfectar tarjetas ideado por José Luis Carreras
Dispositivo para desinfectar tarjetas ideado por José Luis Carreras

Las solicitudes de modelos de utilidad (patentes menores) también han repuntado y, de enero a septiembre, muestran una subida del 30% respecto a 2019. Detrás de los números están historias como la de José Luis Carreras, que cuando estalló la pandemia, ideó un accesorio limpiador desinfectante para tarjetas bancarias o similares. El dispositivo, de tamaño reducido, contiene en su interior unos filtros que se impregnan con sustancias desinfectantes de modo que, al pasar el plástico, se extrae libre de virus. «Es un sistema sencillo, que resulta cómodo para los establecimientos e incluso a nivel personal para que cualquiera lo pueda llevar consigo», cuenta el inventor.

José Luis López Gómez, el ingeniero de las 24 patentes

La curiosidad y el empeño en diseñar inventos que mejoren lo presente han sido dos constantes en la vida de José Luis López Gómez (Quintanilla de Valdebodres, Burgos, 1941). Ingeniero Técnico Industrial por el Instituto Católico de Artes e Industrias de Madrid, este español es autor de 24 patentes, desarrolladas todas ellas durante su etapa profesional en Talgo, compañía en la que ha trabajado durante más de 30 años.

José Luis López Gómez
José Luis López Gómez – EFE/EPO

Su labor fue reconocida primero en 2011, cuando recibió la Medalla al Mérito en el Trabajo. Después, en 2013, fue elegido como mejor inventor europeo por votación popular, un galardón concedido por la Oficina Europea de Patentes. El premio, considerado como el «Óscar» de la tecnología, le fue otorgado entre más de 120.000 patentes, por haber creado un sistema que permite que los trenes circulen con mayor estabilidad y seguridad sobre el raíl. Lo hizo estando ya jubilado, desde su cargo de asesor técnico de presidencia de Patentes Talgo. Un logro que se suma a otros cosechados antes como la precisión en el torneado de la rueda, el sistema anti patinaje (ABS) para que los trenes frenasen mejor, el cambio automático de ancho de vía… «Todas las patentes han nacido por necesidad, para resolver un problema que existe. He tenido la suerte de trabajar en una empresa en la que los accionistas me han dado campo libre», comenta.

El fabricante español de trenes siempre confió en sus ideas, pero un alto porcentaje de los inventores tropiezan una y otra vez con las negativas por parte de posibles inversores. «El gran problema de la invención es desistir de la idea. Por eso, le diría a los jóvenes que disfruten innovando porque si no, se cansarán enseguida de que todo el mundo que tienen alrededor les diga que no», asegura el prolífico inventor, al que su pasión por la innovación le viene desde pequeño.

Recuerda que con tan solo nueve años, allá por 1950, cuando era noticia que el Talgo pasaba por Burgos por primera vez, «le pedí a mi padre que pusiera unas ruedas de madera en una caja, metí a unos chicos del pueblo e iba tirando con un cordel». Con once años hizo un tipo de trilladora, también construyó su propia máquina de escribir inspirándose en una que había visto en una localidad cercana a su pueblo… como él estaba siempre manos a la obra, lamenta los pocos estímulos que considera que tienen los jóvenes de hoy en día. «Me impactó la imagen de un centro comercial de Madrid, donde había una bola pesada flotando sobre el agua, y un montón de niños alrededor de ella. Los niños necesitan algo que les haga interesarse por el funcionamiento de las cosas», apunta. Pero más allá de esta anécdota, Gómez cree que una tarea pendiente de España es «mejorar el apoyo directo de la Administración, o sea, que si alguien quiere montar una empresa, hay que ayudarle: reducir burocracia, facilitar documentación…». Ahora que el coronavirus lo inunda todo, defiende que «cuando hay dificultades, la innovación está. Los que tienen espíritu optimizador siempre encuentran soluciones y mejoras».

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