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Los frutos del esfuerzo de todos

Rafael M. Mañueco

José Francisco Serrano Oceja

Madrid
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En el apacible barrio del Parque de las Avenidas, plaza de Venecia, 1, se impone visualmente la torre exenta de la parroquia de san Juan Evangelista, blanco altivo que mira al cielo, entre edificios de pisos de no pocos metros que anuncian la vida apacible, límite de una M-30 tráfico de vida y movimiento. El templo, de materiales nobles, fue construido según el diseño del arquitecto Francisco de Echenique. La amplia capacidad de acogida de fieles es síntoma de un tiempo de esperanza, de una época de desarrollo, de progreso de vida, de masiva asistencia al culto.

Sorprenden también las impresionantes vidrieras que ofrecen un particular mosaico de colores que dan mucho juego al interior del templo. Retablos homogéneos de formas contemporáneas, un imponente Cristo crucificado, imágenes sagradas que se imponen sin estridencias. Tomás Parés fue el autor de los relieves en piedra de las entradas, el Cristo y san Juan. Higino Vázquez firma el retablo, las vidrieras y el Sagrario. Y los talleres de Arte Granda también dejaron su huella en los altares, la pila bautismal y el ambón.

Hay que trasladarse a los años sesenta. En la página web de la parroquia, capítulo dedicado a la historia, se reproduce el decreto de erección, firmado el 15 de agosto de 1961 por el doctor don Leopoldo Eijo y Garay, arzobispo de Madrid y patriarca de las Indias Occidentales, como división de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar. El domingo 14 de marzo de 1971 fue bendecido el templo por monseñor Casimiro Morcillo. El primer párroco de esta comunidad fue don José Castillo Álvarez, posteriormente le sucedió don Manuel García Iruela. Hoy está la frente de esta comunidad Félix González Álvarez, que lleva cuatro años de párroco. Le ayudan los vicarios parroquiales Antonio Fernández y Juan Carlos Martín. También colaboran los sacerdotes adscritos Manuel García y Ángel Portela.

El actual párroco destaca la generosidad de los fieles de esta barrio. Es cierto que durante la pandemia se han reducido, en términos generales y según la declaración reciente de un responsable diocesano, un 40 por ciento, como mínimo, los ingresos en las parroquias. Sin embargo, aquí, en san Juan Evangelista, el sentido de pertenencia de los fieles ha creado una ola de solidaridad. Cuenta Félix González que «durante la pandemia, en el cepillo del templo, que estuvo abierto en todo momento, todas las semanas aparecía un billete de 50 euros. Ese billete es el símbolo de una responsabilidad por el sostenimiento de la parroquia, que es su casa». Una feligresía, por cierto, compuesta de forma mayoritaria por personas de edad avanzada, la media de un barrio que comienza ahora a reciclarse generacionalmente. Un barrio que se caracteriza por ser un foco de demanda de trabajo en atención y servicios a las personas mayores y en las casas.

De entre las múltiples actividades de la parroquia llama la atención Cáritas, formada por un grupo de voluntarios que, según confiensan, «creemos que poniendo unas horas nuestras a disposición de la comunidad, podemos hacer que algo en nuestro entorno mejore. Gracias al esfuerzo de todos podemos tener un Despacho de Acogida, Ropero, Servicio de Acogida al Inmigrante, Visitas a Personas Mayores, servicios que en esta época de crisis son fundamentales».

El «mejor» ropero arciprestal

Hay que destacar que el ropero arciprestal —las parroquias del arciprestazgo tienen repartidas las funciones principales de Cáritas— es uno de los que funcionan mejor de Madrid. En este momento hacen un llamamiento de petición urgente de mantas y sábanas. También es importante la atención a las personas procedentes de la inmigración. Y, como suele ocurrir en determinadas zonas de la cpaital, se dan casos de lo que se denomina pobreza vergonzante, que cada vez es mayor la pobreza y menos vergonzante ante las necesidades.

No son pocos los grupos que mantienen viva su actividad dentro de la parroquia. Dos comunidades de Cursillos de Cristiandad, el Grupo Betania, la Acción Católica de Adultos, el de jóvenes, el grupo san Pablo, el de Vida Ascendente, la catequesis, la pastoral juvenil. Como escribió a los feligreses el primer párroco, don José Castillo Álvarez, en sus memorias: «Dios premie a todos vuestra generosidad y transforme este trocito de este templo terreno, que os pertenece, por un espléndido trono en la Jerusalén celestial».

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