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Ignacio Ruiz-Quintano: Fútbol 2030

Ignacio Ruiz-Quintano


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Todo indica que este fútbol chirle y hebén de «la Coviz», absurdo como un gif del antiguo Partidillo de los Jueves entre titulares y suplentes, será el fútbol «mainstream» de la Agenda 2030, esa «hoja de ruta» hacia la Dictadura Global con un Directorio de plutócratas dirigiendo el mundo desde alguna Isla de Epstein o de Calipso como los dioses griegos lo dirigían desde el Olimpo. ¿Qué apostamos?

Me atengo a la probabilidad poética de lo improbable, cuya tesis tanto impresionó a Aristóteles:

–Suponed que fuera lo que no es; suponed que lo que es no fuera. Tal es la inútil verdad de la creación.

Ningún poder totalitario de la Tierra tuvo jamás a la humanidad entretenida en mirar (veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año, trescientos sesenta y seis si es bisiesto) por una pantalla de TV, como si fuera una pecera, el ir y venir de veinte tíos en pantalón corto detrás de un balón, mientras en la Isla las sobremesas se alargan en torno al fogón, en lo que cuela el dulce vino y se tuestan los garbanzos. Alguien pregunta a Pitágoras, que hace de Valdano, por la verdad que le preocupa:

–Que el rectángulo isósceles no se deja reducir al número, pues sacando la razón cuadrada de la hipotenusa y los catetos, hallo que un número puede ser par e impar indistintamente. Sin embargo, existe ese triángulo. ¿Luego la realidad no es necesariamente convertible en inteligencia? Esto me conturba.

¿A quién conturba el 2030? A nadie. Quien más quien menos, a todo el mundo le pilla tan lejos que no se ve con fuerza para llegar a él, salvo Ramos y Benzema, que negocian sus renovaciones y serán las estrellas del Madrid’30. Hace unos años, Ramos estuvo con un pie en la China, cuyo deporte nacional, como descubrió Camacho, no es el fútbol, sino el ping pong, pero al final Ramos se ahorró el viaje y en 2030, cuando la humanidad sea un enjambre chino, la China estará en Madrid, con Ramos levantando copas de Europa en la Cibeles vestido de flan chino mandarín.

«Que tengas un año interesante», dice una maldición china, y el 2020 nos ha traído de China un pangolín, millones de mascarillas para «la Coviz» y, según los indicios, algunas sacas de votos (las papeletas sin aguas) para la democracia americana, que comienza a chochear con Biden, cosa con que nunca contó Hamilton, su creador, y tampoco Whitman, el cantor de la igualdad de andar por casa. Hay que esperar que en 2030 el Hegemón de los ojos rasgados esté en condiciones de proveernos sacas de goles, que, una vez asegurado el sustento con la escudilla del Auxilio Estatal, será la primera demanda social. Un hombre, un voto. Ahí va una saca. Un delantero centro, un gol. Ahí va otra saca. Es la fuerza imparable del progreso.

A mí me amargaron la infancia los frailes de confesionario y los moralistas de periódico. A los frailes de confesionario sólo les interesaba dónde ponía uno las manos. Y a los moralistas de periódico sólo les interesaba dónde ponía uno los pies. El fútbol era oficialmente el opio del pueblo, y si te gustaba el fútbol es que te gustaba el fascismo. De los sermones de la iglesia te podías escaquear, pero de los sermones de los periódicos, no, con lo cual, si te gustaban las asistencias de Requejo, un fino interior del Burgos que llegó a internacional, te entraba más sentimiento de culpa que si te gustaban los muslos de Pilar Velázquez que veías en la portada del «Diez Minutos» cuando te acercabas al kiosco para ojear el «As Color». Todo el fútbol que ofrecía (gratis, por supuesto) el Estado era el partido de los sábados que te dejaba imágenes imborrables, como la torta de Cruyff a Villar en San Mamés o la pérdida del peluquín del gijonés Valdés al rematar un córner, que me dejó la misma impresión que el perrillo de Las Ventas cuando el indulto del victorino «Belador». ¿Qué ventilaba un perro en el ruedo? ¿Qué ventilaba un peluquín en un córner?

En 2030 no habrá ni perros en los toros ni peluquines en el fútbol. Estará prohibido por la Agenda. Pero anoche no podía apartar la vista del murciélago de la camiseta del Valencia de Peter Lim.

Ignacio Ruiz-QuintanoArticulista de OpiniónIgnacio Ruiz-Quintano

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