Economía

El gobernador y las verdades del barquero

La presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), Cristina Herrero


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Durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados para analizar el proyecto de Presupuestos para el próximo año, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, se atrevió a hacer una crítica a una de las medidas incluida en las cuentas públicas que muchos compartimos pero que pocos se atreven a decir. «En mi opinión, sería más conveniente que, en lugar de adoptar incrementos salariales generalizados para los trabajadores públicos, se valorase la posibilidad de implementar, de acuerdo con criterios objetivos, aumentos más focalizados dentro de este colectivo, por ejemplo, en el personal sanitario», aseguró ante sus señorías. Y aunque no fue tan claro, otro tanto podría decirse de los incrementos en la cuantía de las prestaciones de más de nueve millones de pensionistas. ¿Tiene sentido que los ingresos de los trabajadores del sector público y de los pensionistas suban más que los de los de los empleados del sector privado en un momento en el que las cuentas públicas están prácticamente en banca rota? Sinceramente, ninguno. Si a eso añadimos que la inflación está en terreno negativo, incluso congelando pensiones y salarios públicos ambos colectivos ganarían poder adquisitivo. Pero son muchos millones de votos y ningún político, sea del color que sea, se atreve a plantearlo, aunque los miles de millones que costará la subida de salarios y pensiones podrían utilizarse para otras causas, como ayudar a salvar empleos.

Quizás cuestiones como esta son las que explican que a diferencia de lo que ocurre en otros muchos países, nuestros jóvenes no quieren ser empresarios o profesionales, sino funcionarios. Y es que los hechos acaban dándoles la razón. Los funcionarios pasaron de puntillas sobre la crisis financiera de 2008-2013 y están volviendo a pasar de puntillas sobre esta. Es verdad que en 2010 se les bajó el sueldo, pero luego se les devolvió si no todo lo perdido, casi todo. Que pregunten en el sector privado cuántos trabajadores fueron compensados por los ajustes realizados durante la crisis. Como mucho se recuperaron las pagas perdidas, pero en ningún caso con efectos retroactivos, como sí ocurrió en el sector público. Y lo cierto es que esas diferencias no tienen ningún sentido. En teoría, al igual que ocurre con las inversiones, cuando uno asume más riesgos, debería obtener mayores ingresos, y en el sector público, la estabilidad en el empleo debería compensar esa divergencia salarial. Pero en nuestro país ocurre exactamente lo contrario. En estas dos últimas crisis, las diferencias entre los sueldos del sector privado y los del sector público se han ido agrandando en favor de los de este último, que han sufrido muchos menos ajustes.

Según las últimas cifras del INE, que corresponden a datos del año 2019 y, por tanto, todavía no tienen en cuenta el efecto de la pandemia, el sueldo medio bruto en el sector público alcanzó los 2.760,9 euros mensuales el año pasado, frente a los 1.796,9 euros del sector privado, casi mil euros menos. Ademas, los salarios medios en el sector público han aumentado un 4% respecto a 2018, mientras que el salario medio del sector privado creció a un ritmo bastante inferior, del 1,4%. Por tanto, los empleados públicos ganan de media un 53% más que los asalariados del sector privado.

Los datos. El salario medio mensual, en términos brutos, subió un 1,9% en 2019, hasta los 1.982,3 euros, su cifra más alta desde que comenzó la serie en 2006, según las cifras del INE. Sin embargo, existe una gran diferencia entre los salarios públicos y los privados. Los primeros, con una media de 2.760,9 euros mensuales, superan en más del 50%a los del sector privado, que no llegan a los 1.800 euros al mes.

Yolanda Gómez RojoYolanda Gómez RojoSubdirectoraYolanda Gómez Rojo

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