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Francisco Navarro Ledesma. Los nidos de antaño


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Los toledanos somos seres tan orgullosos de nuestra ciudad como desconocedores de nuestro patrimonio material e intelectual, que para defensa y desahogo nuestro se nos revela y se nos rebela a todas luces ingente.

Posiblemente el hecho de vivir en un lugar donde el peso del pasado es tan abrumador, nos hace vanagloriarnos de las tapas heráldicas del libro de nuestra Historia sin profundizar en demasía en el contenido del volumen.

Hace unos días se presentó en Toledo el libro de Francisco Navarro LedesmaLos nidos de antaño, que recoge veinte cuentos del autor toledano, con estudio crítico y notas de Mariano Martín Rodríguez, dentro de la colección Biblioteca de Autores Toledanos de la editorial Ledoria. Gracias por rescatar esos libros de antaño con estos estudios de hogaño.

La erudición y la amenidad del estudio hacen que el ejemplar se paladee con especial gusto, a lo que sin duda contribuye las tablas de Mariano Martín (toledano errante y filólogo románico radicado en Bruselas, donde trabaja como traductor en la Comisión Europea), su dominio de hasta nueve lenguas y el haber visitado setenta países.

Francisco Navarro Ledesma murió joven, a los 36 años, fue presidente de la sección literaria del Ateneo de Madrid, autor de una biografía canónica de Miguel de Cervantes ( El ingenioso hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra) que aún hoy es considerada si no la mejor, sí una de las más influyentes biografías de nuestro escritor más universal. De hecho, Ortega y Gasset consultaba a Navarro Ledesma y tenía su libro como cabecera para la redacción de las «Meditaciones del Quijote». Navarro Ledesma también fue amigo íntimo del regeneracionista Ganivet, quien le confió su voluntad íntima y última de quitarse la vida (1), de Menéndez Pelayo, Azorín y del propio Galdós.

Archivero y profesor de literatura, director un tiempo del Museo Arqueológico de Toledo, sirvió de ilustre guía a numerosos intelectuales, entre ellos grecófilos como Barrés, que pasaron por la ciudad abriendo Toledo a un turismo cultural de élite del que aún nos rentamos. Alimentó el alma y las localizaciones para libros como el Ángel Guerra de Galdós o los artículos de Toledo de Azorín. Galdós siempre fue un escritor que se documentaba muchísimo para sus novelas y tuvo en Navarro Ledesma un generoso informador al que interrogaba constantemente.

Polemista y de espíritu ingobernable, a veces cruel e injusto desde su atalaya de crítico poderoso y de anónimo hiriente desde su demoledora sección literaria «el papel más vale» de Gedeón, acumula en su debe el haber rebautizado a la Pardo Bazán como Pardo Bacín; soltarle una sonora bofetada a su enemigo íntimo Leopoldo Alas Clarín, tras una conferencia dictada en el Ateneo que no debió de gustarle mucho, sin duda a vueltas con las chanzas mordaces que se traían y llevaban en las publicaciones satíricas de Gedeón y Madrid Cómico, que regentaban el uno y el otro y usaban para despiezar escritos y escritores sin piedad; y hasta enzarzarse en artículos cruzados con un Valle Inclán que le tildaba de joven antiguo por su desdén con los modernistas y los nuevos aires de la literatura que capitaneaban el propio Valle y Juan Ramón Jiménez

Navarro Ledesma fue ante todo colaborador en medios de prensa escrita (le confesaba a Galdós en una de sus múltiples cartas que «escribía hasta cuatro o cinco estupideces diarias…») en un momento clave de la historia del periodismo escrito en España. Formó parte de la redacción inicial de dos publicaciones señeras como fueron, y son, Blanco y Negro y ABC (2)

Una placa de mármol, instalada en 1906, pocos meses después de su muerte, recuerda su memoria en Toledo. Muchos toledanos la tenemos en mente porque está manchada de pintura roja, como señaló certeramente Mariano Calvo (3), fruto de la puntería y agudeza vandálica e intelectual de un progre despistado que debió confundirle con el del fundador de las JONS, Ramiro Ledesma Ramos.

Por iniciativa del Ateneo Científico y Literario de Madrid, también en 1906 se le dedicó una placa el capital de España, con la asistencia del Ministro de Instrucción Pública, el alcalde de Madrid, entonces Alberto Aguilera, los directores de «El Liberal» y «El Heraldo de Madrid», además de escritores como Vicente Blasco Ibáñez y José Ortega y Gasset. Don Torcuato Luca de Tena, entonces director del diario ABC, envió al acto una gran corona de flores que fue colocada sobre la lápida, una vez descubierta ésta por el ministro.

El libro de Francisco Navarro se divide en un tipología de cuentos (ficciones) que van desde los cuentos quijotescos de un Sancho que se hace con las armas de su finado señor y de una Marcela en la que pugnan razón y amor más allá de la muerte de Crisóstomo; hasta diálogos de ultratumba entre Dante, Virgilio o el propio Hegel con su lapidaria frase: « La muerte es el último resorte de la vida» y su magistral cuento la Ciudad Eterna en la que recrea la ciudad de Azanatopolis, la ciudad donde no se muere…; pasando por alegorías animales con pueblos adoradores loros disecados; parábolas históricas sobre el primer amor humano de la Historia o sobre el juez implacable de los apologetas; recreaciones del pasado, entre ellas del Toledo del siglo XVI y de sus pícaros que se alimentan por y de la gracia de Dios; relatos costumbristas y de guiño regeneracionista y hasta cuentos futuristas.

Una escritura con ecos de Lope, de Cervantes, anticipaciones a Borges, patinas simbolistas a lo Schwob… erudición, sorpresas, cultismos, adjetivos acerados, sentencias ampulosas y amplificadas… pero sobre todo disfrute por una literatura en la que cada palabra importa, en la que se afila la forma sin renunciar al fondo; del placer de contar, con estilo y con ironía.

Una literatura que ya apenas se estila y a la que es conveniente retornar de vez en cuando para saber de dónde venimos, para saber adónde no vamos.

Dos días antes de producirse la muerte de Ganivet, este entregó un escrito suyo a una persona de su confianza para que esta lo hiciese llegar a Francisco Navarro Ledesma. El escrito comienza así: «Por si esta declaración fuese necesaria, hago aquí el resumen de mis ideas y de mis deberes». Cuando en el mes de noviembre de 1903 se celebra en el Ateneo de Madrid un acto de recuerdo y homenaje a Ganivet, intervienen en él Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, José Martínez Ruiz (no firma todavía Azorín) y Francisco Navarro Ledesma.

Navarro Ledesma: un talento malogrado: https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/navarro-ledesma-talento-malogrado-201010270000_noticia.html

Azorín fue el periodista que el 1 de junio de 1905, en el primer número del ABC diario, informaba del atentado sufrido por Alfonso XIII en París, y lo hacía mediante una crónica telefónica, la primera en la historia del periodismo español. Desde la primera redacción de ABC diario compuesta por dieciocho periodistas, entre los que destacaban: Luís Gabaldón, «Floridor» (crítica teatral); Manuel Troyano (cronista político); José Martínez Ruiz, «Azorín» (Impresiones parlamentarias; Francisco Navarro Ledesma, (temas literarios y editoriales); Antonio Palomero, «Gil Parrado»; Manuel Tercero, (crónica de tribunales) y José Trabado, «Don Silverio» (crítica taurina).

POR CARLOS RODRIGOPOR CARLOS RODRIGO

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