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cuando la Iglesia no se para

Rafael M. Mañueco

José Francisco Serrano Oceja

Madrid
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En medio de edificios de pisos amontonados, amalgama exterior de terrazas, ropa colgada, persianas y tornasoles, bajos comerciales, no pocos de ellos cerrados, coches aparcados en una anarquía ordenada, está la parroquia de San Leandro (Escalona, 59), puro Aluche, encomendada desde sus primeros tiempos, allá por octubre de 1965, a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Una opción por las periferias en respuesta a la invitación de monseñor Casimiro Morcillo a que los religiosos que tuvieran parroquias en el centro de Madrid también hicieran lo mismo en los barrios entonces limítrofes, en el extrarradio. Hoy forman la comunidad cinco religiosos, el párroco, el padre Javier Montero Infantes, los PP. Amador, Eutimio, Antonio y el hermano Nicolás.

Esta parroquia, según la sintética y acertada definición del joven padre Javier, es «una parroquia de barrio, sencilla, con una intensa actividad». El templo es hermano en cuanto a estructura arquitectónica del de la parroquia de Jesús de Nazaret en Manoteras. La misma estructura exterior, idéntica forma interior, nave central y capilla lateral, presbiterio, frontal, incluso las vidrieras, que impregnan de colorido el espacio arquitectónico. De la historia de la parroquia son muchos los religiosos que han dejado huella. Uno de ellos, muy querido, es el padre Alfredo Fernández, que hizo posible el milagro de los años más gloriosos de esta comunidad.

Sobre estas líneas fachada principal de la parroquia de San Leandro
Sobre estas líneas fachada principal de la parroquia de San Leandro – Belén Díaz

La presencia del carisma de los Oblatos de María Inmaculada acentúa el carácter misionero de su presencia. «Allí donde estemos debemos descubrir el rostro de los más pobres, insistiendo en la creatividad, en crear formas nuevas», señala el padre Javier. La parroquia está en un momento de crecimiento. Una dinámica que se ha frenado con la pandemia. «Ahora es tiempo de intentar que la Iglesia no pare. El trabajo fuerte está en la vida ordinaria, en las celebraciones, en los sacramentos, en la catequesis y en Cáritas. Lo extraordinario ha quedado parado», apunta el padre Javier. Cada año, la parroquia tiene un objetivo en forma de lema. En esta ocasión, «Caminando en la esperanza». Camino y esperanza, no son malas expectativas. Mientras que hay camino hay proyecto, hay vida, hay esperanza. «Yo soy el camino, la verdad y la vida», la esperanza en resumen.

El párroco, Javier Montero Infantes
El párroco, Javier Montero Infantes – Belén Díaz

Como no podía ser de otra forma, el trabajo de Cáritas es una de las claves de esta comunidad. Si antes de la pandemia se atendía a 45 familias, durante lo más duro del confinamiento fueron 150. Y la tensión no baja, no solo porque el paro sigue en aumento, los ingresos desaparecen en no pocas familias, sino porque se han incrementado las necesidades con el inicio del curso y las prolongadas situaciones de ausencia de trabajo. La parroquia cuenta con una serie de iniciativas destinadas a dar una adecuada respuesta a este clamor. El Proyecto CEM, Centro de Menores, atiende a niños en situaciones de vulnerabilidad, con clases de apoyo, atención personal, actividades complementarias.

Proyecto Lázaro

Uno de los puntales de la parroquia es el Proyecto Lázaro, que acompaña a las personas enfermas y solas y atiende a sus necesidades del día a día. Este proyecto cuenta con una veintena de voluntarios que están al servicio de estas nuevas necesidades vitales. También está la «Comida caliente», distribución de comidas a familias. Y el «Café y encuentro», una cita para crear redes de relaciones entre las personas inmigrantes que han llegado al territorio de la parroquia, muchas de ellas procedentes de los países de habla hispana, en particular de Venezuela. Colaboran con el centro de mayores, que está en la vecina parroquia de San Alfonso, hoy clausurado a causa del Covid. Se está potenciando la compañía telefónica, la empatía telefónica, a las personas mayores que lo necesiten.

La catequesis, más de 200 niños y 40 en confirmación, el grupo de la Legión de María y AMMI, Asociación Misionera de María Inmaculada, son algunas de las otras actividades de la parroquia. Y, cómo no, la atención misionera con el proyecto «Somos misioneros», con la recaudación de fondos destinada una iniciativa de la Congregación en el Sáhara, que pone una nota de catolicidad, universalidad, a la intensa vida al servicio de la presencia del Evangelio.

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