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Ellas son menos, pero no juegan peor al ajedrez

Federico Marín Bellón


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En 1906, la revista «Lasker’s Chess Magazine» aseguraba que la falta de estrellas femeninas se debía a que las mujeres carecían de «concentración, comprensión, imparcialidad y, sobre todo, una chispa de originalidad». Bobby Fischer aseguraba que las chicas «son débiles» y «no deberían jugar al ajedrez». Garry Kasparov llegó a decir de Judit Polgar: «Tiene un talento fantástico, pero después de todo es una mujer». La niña se «vengó» colándose entre los diez mejores del mundo e incluso ganando al ogro alguna partida, pero los datos son tozudos: los mejores grandes maestros son casi siempre hombres.

En la actualidad, solo hay una mujer entre los cien primeros: la china Hou Yifan, en el puesto 86. Cuando se trata de explicar las diferencias de género en una actividad eminentemente intelectual, suelen buscarse factores biológicos, psicológicos y sociales, con especial atención a los niveles de testosterona y al instinto asesino del hombre desde que era el encargado de salir a cazar mamuts. Existe también el factor «fanatismo», que explica que haya menos asesinas en serie, por ejemplo.

El holandés Wei Ji Ma, profesor de Neurociencia y Psicología en la Universidad de Nueva York, ha planteado la cuestión desde un enfoque que tampoco es nuevo, con la idea de demostrar que la única explicación al «fenómeno» son los números. El investigador recuerda que en 2009 otro trabajo de Bilali, Smallbone, McLeod y Gobet defendía lo mismo, «pero los ajedrecistas no lo conocen o prefieren ignorarlo».

El enfoque de Wei Ji Ma y sus colaboradores, publicado en un artículo en ChessBase, es revolucionario y a la vez muy simple. En su opinión, es un disparate comparar a dos grupos tan desproporcionados, ajedrecistas y «ajedrecistos», por el método de fijarse en los mejores. Por supuesto, es más fácil que las estrellas surjan del más numeroso, sobre todo si la proporción puede llegar a ser casi de 20 a 1.

Por la misma razón, apenas hay ajedrecistas de élite pelirrojos. El profesor holandés considera incluso una mala praxis estadística seguir comparando el nivel de unos y otras a partir de las puntuaciones de los mejores. El gran maestro y entrenador Arthur Kogan defiende lo mismo desde hace años, «al igual que Magnus Carlsen no representa el nivel de los hombres».

Wei Ji Ma sostiene que la forma justa de comparar dos grupos es utilizar la puntuación media de cada uno. Para comprobarel resultado, aplicó su método a un grupo real y representativo: todas las personas ajedrecistas de la India, a partir de la última lista publicada por la FIDE. De los 19.064 jugadores con Elo, 17.899 son hombres (93,9%) y 1.165 (6,1%), mujeres.

Con el método «clásico» de comparación, los hombres arrasan de nuevo, porque el mejor gran maestro es Vishy Anand (2753 puntos), mientras que la gran maestro Humpy Koneru «solo» tiene 2586 puntos. Pero resulta que la media de los primeros es de 1.434 puntos, 32 por debajo de la femenina. Incluso si con «su método» se hallaran diferencias de género, Wei Ji Ma asegura que no deberían atribuirse a causas biológicas, sino a «las desventajas sistémicas y la amenaza del estereotipo» que sufren de forma tradicional las ajedrecistas.

En su opinión, no habría que preguntarse por qué los hombres juegan mejor al ajedrez, sino por qué hay muchas menos mujeres que lo practican.

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