Economía

Bosques «transparentes» para dar oxígeno a la descarbonización

Rafael M. Mañueco

Madrid
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La idea de Reforestum surgió mientras el joven emprendedor Diego Sanz charlaba con una amiga que confesaba sentirse culpable por el impacto ambiental que suponía coger cada día el coche para desplazarse hasta el pueblo donde trabajaba. Licenciado en Informática, a Sanz se le encendió una bombilla para iluminar la conciencia medioambiental de su amiga: calcular exactamente cuánto CO2 emitía su vehículo y plantar árboles que compensaran esa huella de carbono. El planteamiento fue madurando y hace tres años Sanz lanzó una campaña de «crowdfunding» en la plataforma Kickstarter. Con los 40.000 euros recaudados, compró un terreno de cinco hectáreas cerca del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre, en Palencia. Y allí nació el primer bosque de Reforestum. «Pusimos en marcha una plataforma web para que cualquier persona pudiera medir su huella de carbono y creamos lo que llamamos participaciones de bosque, es decir, esos particulares podían adquirir derechos sobre una determinada superficie reforestada equivalente a sus emisiones de CO2», explica Sanz.

Tras aliarse con otro emprendedor francés, Alban Bressand, el proyecto comenzó a enfocarse hacia el mundo empresarial. La idea no era del todo nueva. «Este es un mercado que existe desde hace tiempo, con instrumentos como los créditos de carbono, pero ahora ha implosionado y está creciendo mucho. Las empresas cada vez están más concienciadas y destinan más fondos a sus políticas de compensación», asegura el fundador de Reforestum. Los bonos o créditos de carbono son una de las herramientas desplegadas en el Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones. El sistema articula el «derecho a contaminar» (un bono equivale a la posibilidad de emitir una tonelada de CO2) a través de un producto canjeable y negociable en el mercado (se pueden vender y comprar los excedentes de emisiones), al tiempo que se incentivan los proyectos de compensación medioambiental, como la reforestación.

Lo que Reforestum trata de aportar a estos procesos es transparencia. «Contamos con un departamento de I+D con expertos en Inteligencia Artificial que nos permite monitorizar los bosques con imágenes de satélite en tiempo casi real. Con estas técnicas de «machine learning» podemos saber cuánto carbono está almacenando el bosque, cuál es su nivel de salud, la humedad que hay… Así se genera más confianza, las empresas y los particulares tienen la seguridad de que los proyectos son reales y se crea un vínculo con el bosque».

Reforestumcreó las llamadas participaciones de bosque, es decir, los particulares pueden adquirir derechos sobre una determinada superficie reforestada equivalente a sus emisiones de CO2

La compañía trabaja en varios proyectos en España y también en la Amazonía peruana y en Indonesia. Las empresas pueden sumarse a iniciativas de la cartera de su «marketplace», adquiriendo parcelas ya reforestadas, o impulsando sus propios bosques corporativos. «El mes que viene, por ejemplo, vamos a plantar uno para Adidas», explica Sanz. Y es que las raíces de esta startup parecen cada vez más fuertes. «Hace una semana cerramos una ronda con «business angels» en la que hemos levantado 600.000 euros. Queremos duplicar el equipo y ganar músculo en experiencia de usuario, marketing… Tenemos mucho trabajo por delante, pero el escenario es prometedor». Para refrendar esa idea, esta misma semana Reforestum era elegida como una de las tres startup ganadoras del «Beauty Tech for Good Challenge», el concurso internacional con el que L’Oreal reconoce a las iniciativas emprendedoras más sostenibles e inclusivas del planeta.

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