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La revolución de la experiencia cristiana

El altar del templo


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Nada hay más parecido a una parroquia que otra parroquia. Nada hay más distinto a una parroquia que otra parroquia. Excepto san Pablo de la Cruz, Avenida de los Madroños, 40, distrito Hortaleza, Parque de Conde Orgaz. Un caso único, singular, que interpela. La arquitectura se convierte en «mistagogia» –sentido, catequesis, relato–; la actividad parroquial, en escuela de vida y de experiencia; los sacramentos, en fiesta. Universo Almarza.

La clave de todo tiene un nombre y una historia, José Luis Almarza, el párroco, en un contexto de claridad, apertura, espacios abiertos, incluso naturaleza. Un párroco que, después de no pocos años dedicado a los jóvenes y universitarios, llegó aquí para alentar la revolución de la experiencia cristiana, que es interior y exterior. Un párroco que sabe de cine lo que no está escrito y lo mismo, para explicarte el simbolismo de lo que significa la parroquia, te habla de Ordet, de «Eva al desnudo» y de John Ford. Un párroco que no es él, es la fuerza de una Presencia que le interpela y le tiene siempre en movimiento. Si no, les prometo, sería imposible que yo hubiera aguantado hora y media, en medio del templo, de pie, sin parar de tomar notas. Porque lo que cuenta Almarza, de su vida, de su parroquia, de lo que da, de lo que recibe, es un titular detrás de otro titular. Mucha vida.

El altar del templo – Ernesto Agudo

Todo esto lo dice el párroco sin solución de continuidad: «Estamos en uno de los tres templos más importantes de arquitectura religiosa moderna de Madrid. Estructura, función y símbolo van unidos». «Obra de Miguel Oliver, discípulo de Fisac, las columnas sustentadoras, que sostiene el espacio arquitectónico concluyen la luz de la primera creación, presencia, iluminación, sentido». «El Vía Crucis de medio relieve en la pared frontal del templo es el camino de la vida quetodos tenemos que hacer». «El otro día me encontré a un señora que paseaba por la Iglesia rezando el rosario y siguiendo las estaciones del Vía crucis. Y al llegar a la última, esplendorosa, en la que María sostiene un cuerpo sobredimensionado de su hijo muerto, la señora, que yo conocía, me dijo: “Así he tenido yo ayer a mi hijo. En mis brazos, sin conciencia. Y es así como está aquí esculpido”».

¿Cómo es la feligresía?, pregunto. «Una parroquia es rica por la fe de sus fieles, que se mide por la disponibilidad. No es rica por la renta per capita. Tenemos no pocos José de Arimatea, y también personas que viven la fe en lo escondido de sus casas, quizá influidas por ese cristianismo burgués del que hablaba Péguy. El problema de esa fe burguesa es que no puede medir con el tiempo actual. Nosotros les ofrecemos que vengan a la fiesta, se encuentren con el rostro del Amor que les interpela». «Lo que a mí me conmueve, lo que te conmueve, también conmueve al corazón de los otros. Aquí se encuentran corazones conmovidos».

Colaboraciones

Hablamos de la Caridad, y de Cáritas. San Pablo de la Cruz colabora con Manos Unidas a través de las donaciones y de lo que saca en los tiempos fuertes de Adviento y Navidad, con, por ejemplo, el mercadillo del Taller de Manos Amigas, una iniciativa de un grupo de señoras que lo mismo tejen, cosen, hacen dulces, o pintan iconos.

Esta parroquia hace lo que hacen otras. Se celebran los sacramentos, se ofrece la catequesis, hay formación, oración. Pero con los solo nombres de las iniciativas, uno se da cuenta de que la perspectiva es otra, perspectiva maestra. La formación permanente es el «noviciado del ser», «Corazón inquieto», «Escuela de cristianismo», «Schola sanctorum», «Coloquios en el Parque», «Escuela de oración», el gesto más original de la parroquia «En camino», tres días de convivencia por las rutas de la España de los santos y de los héroes, el Cineclub, que educa. José Luis Almarza tiene una asignatura pendiente, los jóvenes. Pero confiesa que se niega a hacer planes, trazar estrategias.

Se me olvidaba. Esta parroquia fue construida por don Jesús Camino García con la generosa colaboración de la asociación de propietarios y vecinos del Parque Conde de Orgaz. El templo fue consagrado por el arzobispo Rouco Varela el 7 de diciembre de 1997. «Te he contado lo que surge del encuentro con Cristo, no lo que se organiza», se sincera el universo Almarza.

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