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Vidaller, el portero de la UD Barbastro que salió a hombros de la hinchada rival

Rafael M. Mañueco


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Difíciles de presenciar ahora por las fuertes multas con las que están castigadas por Antiviolencia, las invasiones de campo llegaron a convertirse en una foto fija en el fútbol español, especialmente cuando las temporadas tocaban a su fin y los equipos conseguían un éxito. Miles son las imágenes que se pueden encontrar en los archivos de jugadores abandonando el césped o dando una vuelta de honor a hombros de sus hinchas, pero la instantánea captada en Huelva en 1972 a la conclusión de una dramática final resultó única. Convertido en un muro con paradas inverosímiles hasta que un gol de Coradino rompió el hechizo en el último minuto, Vidaller, guardameta de la UDBarbastro (Huesca), salió del viejo estadio Colombino a hombros de los seguidores rivales, que tampoco se olvidaron del autor del tanto que valió una permanencia. Dos protagonistas, uno de cada equipo, por la puerta grande. Un canto a la deportividad que tuvo repercusión nacional a pesar de que el Recreativo militaba aquel curso en Tercera división.

Después de una mala temporada en Tercera, el Recreativo se tuvo que jugar la permanencia en la categoría ante la UD Barbastro, que soñaba con ganar aquella eliminatoria para abandonar la Regional. Una final a doble partido resuelta en el Colombino el 17 de junio de 1972, seis días después de que el duelo de ida disputado en tierras oscenses acabara en tablas (1-1). El encuentro de vuelta cambiaría la vida de un modesto portero, José Luis Mur Vidaller, que entonces trabajaba como administrativo en el Ayuntamiento de Almudévar (Huesca). Después de aquella exhibición ante el Decano firmó por el Atlético de Madrid, aunque nunca llegó a jugar con los rojiblancos.

Vidaller, el tercero por la izquierda en la fila superior, en su etapa con el juvenil de la UD Barbastro
Vidaller, el tercero por la izquierda en la fila superior, en su etapa con el juvenil de la UD Barbastro – Foto: UDBARBASTRO

Conocido futbolísticamente por su segundo apellido, Vidaller se incorporó al juvenil del Barbastro para acabar dando el salto a su primer equipo. En aquella visita a Huelva, cuando tenía 21 años, destapó el tarro y puso a la afición recreativista al borde de un ataque de nervios evitando goles cantados con un repertorio de paradas de todos los estilos. Una actuación inolvidable por lo que sucedió en el césped y luego tras el partido.

La resistencia de Vidaller y de la UD Barbastro murieron ya en la orilla porque un disparo de Coradino cuando el árbitro iba a iniciar el gesto para dar por finalizado el partido acabó en la red de la portería aragonesa (1-0), un tanto que provocó el júbilo en la grada del Colombino y que terminó con la tensión de un duelo en el que José Luis Martín Berrocal, el entonces presidente de la entidad andaluza, sufrió una lipotimia en la celebración de la permanencia.

Con el pitido final llegó una de las típicas invasiones de campo que se podían ver en aquellos años. Aún moviendo la cabeza de un lado a otro como signo de frustración por el gol recibido en el último suspiro, Vidaller fue testigo directo en la hierba del momento en el que la enfervorecida parroquia onubense elevaba a hombros a Coradino, el héroe local de aquella noche. La sorpresa del guardameta llegó cuando los seguidores del Recre hicieron lo mismo con él, a pesar de que durante el partido les había atragantado el bocadillo en más de una jugada.

Que la afición del Recre sacara a hombros a uno de sus jugadores al término de un gran partido no era noticia, pero sí aquel deportivo reconocimiento al portero rival, que acabó fichando poco después por el Atlético de Madrid. Una lesión en la mano acabó apartando a Vidaller del mundo del fútbol y le abrió las puertas de su otra gran pasión, la fotografía.

El guardameta de aquel inolvidable partido se instaló definitivamente en Madrid y abrió una tienda de fotografía, logrando reunir una de las colecciones de cámaras más importantes de Europa. En su museo hay más de 4.000 máquinas diferentes. Ninguna de ellas inmortalizó el día de su gran partido en el mundo del fútbol, pero las imágenes de aquella noche en el Colombino nunca se han borrado de su memoria. No es para menos, pocos futbolistas pueden presumir de haber salido a hombros de los aficionados rivales. Vidaller, sí.

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