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La impronta lascasiana del subcomandante Moisés

La impronta lascasiana del subcomandante Moisés

Firmado por el subcomandante Moisés, un reciente comunicado que habla en nombre del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se ha opuesto frontalmente a la petición hecha por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en marzo de 2019 cuando, coincidiendo con los 500 años de la llegada de Hernán Cortés y sus compañeros a las playas de lo que hoy es México, pidió que el Papa y el Rey de España pidieran perdón por lo ocurrido en aquel tiempo. Una desenfocada solicitud que se ha reeditado, en el sentido del vector México-Roma, recientemente.

Para el insurgente Moisés esta demanda no es más que una cortina de humo tras la que AMLO pretende ocultar, entre otras desagradables realidades, los más de 3.000 feminicidios que sufre México anualmente. Un abultado número de bajas que, según el EZLN, serían la consecuencia de una «guerra de género» desencadenada mientras el planeta sufre los nefastos efectos del avance de los nacionalismos. Tan confusas como apocalípticas ideas conviven, no obstante, con el rechazo zapatista a los argumentos negrolegendarios manejados por AMLO, a quien se reprocha su petición. Un análisis más profundo del texto permite, no obstante, entrever matices que nos parecen trascendentales. Veamos.

Guiados por el irenismo emanado por las tierras de las cuales fray Bartolomé de las Casas fue obispo, los zapatistas, que reivindican explícitamente la obra del excesivo dominico sevillano, hablan, por ejemplo, de la «supuesta conquista», poniéndola en cuestión, al tiempo que anuncian una parada en Madrid el 13 de agosto de 2021, fecha en la que se cumplen los 500 años de la victoria de Hernán Cortés, dentro de una gira mundial de tintes feministas, para hablarle al «pueblo español», vocablo escogido en detrimento del de nación. Aunque cabe pensar que ambos términos, nación y pueblo, pudieran entenderse como sinónimos, la elección de este último, si se tienen en cuenta estas palabras incluidas en el escrito: «¿De qué nos va a pedir perdón España? ¿De haber parido a Cervantes, a León Felipe, a García Lorca, a Picasso, a la República, al exilio…?», encajan mejor con la perspectiva lascasiana -«por el imperio hacia Dios»-, que con su contraria, la fórmula que finalmente se impuso en el Nuevo Mundo, primero como conquista y luego como pacificación o implantación de lo que cabe llamar pax hispanica. A esta controversia histórica ha de añadirse un factor que entendemos decisivo, el influjo de la teología de la liberación, tan arraigada en tales tierras. Teniendo este presente, las notas del subcomandante Moisés parecen apuntar a una variante a la dicotomía, Imperio vs Dios, apuntada, que podría formularse de este modo: «Por el antiimperialismo hacia la cultura» o, por mejor, decir, hacia «las culturas», conservadas por los siempre derrotados pueblos originarios. Al cabo, el zapatista condena tanto el imperio español como el mexica, marcadamente sangriento, en favor de un mundo armónico sólo concebible desde coordenadas tan idealistas como las teocráticas que en su momento manejara el denominado Apóstol de Las Indias. 

Esta visión, expresada en español y cultivadora del mito de la Cultura, que parece una consecuencia de la inversión teológica, omite el poder institucional, imperial, político en definitiva, que ha configurado tanto a la España que vio nacer a los Cervantes y Picassos como al propio México, nación producto de la transformación revolucionaria, realizada bajo la advocación guadalupana, de un poderoso virreinato. Un poder político que, sépanlo o no Marcos y AMLO, a menudo se apoyó en estructuras prehispánicas, originarias, en suma, como muestran las ordenanzas dictadas en 1573 por el Virrey del Perú, Francisco Álvarez de Toledo, en las que se habla de la constitución de «república de indios» gobernada por «indios principales», estructuras que no cabe confundir con las actuales repúblicas políticas, pero que buscaban los objetivos que el propio Virrey desgranó en una carta a Felipe II que contiene estas reveladoras líneas: 

«La mayor fuerza que para su seguridad aca se entiende, es que haya muchos pueblos, porque las casas y las raices que en estos sitios tienen los pobladores, les hace desear la paz y la quietud…. No se pueden governar estos naturales sin que los caciques sean los ynstrumentos de la execucion, así en lo temporal como en lo espiritual, ni hay cosa que más pueda con ellos para el bien y el mal… Es necesario que estos caciques sean buenos, para que con su ejemplo se le pegue el bien, pues puede más una palabra destos para que dejen sus ydolos y otras maldades, que cien sermones de religiosos».


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