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La UE exhibe unidad ante Johnson y sostiene que el acuerdo para el Brexit aún es posible

Rafael M. Mañueco

Corresponsal en Bruselas
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La situación es tan delicada que el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, pidió este jueves a los líderes de los Veintisiete que le entregasen móviles y tabletas, para impedir que saliese de la sala ninguna información de las deliberaciones sobre el Brexit. Los jefes de Estado o de Gobierno de los miembros de la UE discutieron durante la tarde el mensaje que querían enviar a Londres y Michel quería evitar que alguno de los dirigentes presentes pudiera enviar algún mensaje al exterior que se utilizara por los británicos. Así que lo que salió de la reunión fue sobre todo un apoyo al negociador europeo Michel Barnier, que a su vez declaró que cree que el acuerdo «es posible» todavía, a pesar de la premura de la situación, y que piensa ir a Londres durante el fin de semana, para reanudar las negociaciones lo antes posible.

El nudo de la cuestión está en que el primer ministro británico, Boris Johnson, había amenazado con abandonar cualquier intento de llegar a un acuerdo si la parte europea no movía su posición. En este sentido, el británico David Frost recibió con «decepción» las noticias de Bruselas, a pesar de lo cual nadie en la reunión del Consejo apostaba por que Johnson «rompería la baraja» este viernes y daría por imposible el pacto con sus antiguos socios. Los europeos dan por hecho que adoptará una posición pragmática, aunque sea en el último momento.

La fecha del 15 de octubre es muy simbólica, porque inicialmente la había señalado el propio Barnier como límite máximo para llegar a un acuerdo, de manera que quede tiempo suficiente para todo el proceso de ratificaciones antes del 1 de enero, cuando está prevista la desconexión definitiva. Cabe recordar que en muchos países esa ratificación se hace vía parlamento y que en algunos casos como Bélgica, tienen que aprobarlo hasta los parlamentos regionales. Por no hablar de lo que pasó en el propio Reino Unido con la epopeya política para ratificar el acuerdo de divorcio, que necesitó hasta de unas elecciones generales para renovar el Parlamento porque de otro modo no era posible la ratifiación.

Otra cosa es si los europeos acceden ya a acelerar el proceso tanto como para utilizar el «modo túnel» en las negociaciones, que presupòne que las dos partes se pueden reunir y decidir sobre la marcha posibles puntos de convergencia, sin necesidad de acudir reiteradamente a cada paso a consultar con las partes, aunque manteniéndose dentro de los márgenes del mandato negociador que habían recibido. Esto se utilizó en la recta final del proceso de elaboración del Tratado de Retirada, el del «divorcio» y algunos países como Francia no quedaron muy satisfechos de lo que se había quedado en el tintero durante las prisas. En todo caso, el mandato de Barnier y su equipo fue reafirmado por los líderes europeos. Fuentes españolas indicaron que después de esta cumbre ya «no se descarta en absoluto entrar en el «modo túnel» en un momento «no muy lejano».

Seguramente será así, porque los países europeos parecen decididos a optar por preferir un acuerdo aunque sea malo a un no acuerdo, que sería un desastre total para todos. Y, al menos formalmente, se mantienen los requisitos esenciales para Europa que constituyen el principal foco de problemas, aunque en el caso de que los negociadores «entren en el túnel» todo podría ser objeto de una cierta flexibilidad creativa que acabaría en intercambios entre los asuntos fundamentales. El primero es llamado «level playing field», es decir las reglas de juego comunes para que pueda operar una cierta fluidez en el intercambio comercial, de modo que las empresas británicas no tengan ventajas sobre las europeas porque se salten los reglamentos que las demás deben cumplir.

También sigue siendo problemático el tema del acceso a las aguas británicas por parte de los pescadores europeos y el presidente francés, Emmanuel Macrón, entró a la sala advirtiendo de que no tolerará que eso no sea así. El problema es que en las regiones costeras del Reino Unido ganó el Brexit por goleada en el referéndum y es muy difícil que los británicos dejen este asunto en un punto en el que los votantes se vayan a sentir menospreciados. Sería un gran problema para el Partido Conservador. A Macron le pasa lo mismo con sus pescadores, con la diferencia de que hay muchos más países que o no tienen costa o están muy lejos del Mar del Norte y prefieren poder seguir vendiendo coches o maquinaria industrial a los británicos sin aranceles. Una cosa por la otra es poco probable, pero sí es posible que se llegue a dividir el asunto para que las cosas encajen para todos, por ejemplo repartiendo las zonas de pesca.

La frontera irlandesa

Y, sobre todo, queda el tema de la frontera irlandesa, que representa en estos momentos el asunto más espinoso, porque Londres se empeña en aprobar una legislación sobre mercado interior que contradice lo que había firmado en el tratado de Retirada.

Este jueves en la sala estaban, además de Michel, los líderes de 26 países, ya que el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, había dado positivo por Covid-19 y no ha podido venir a Bruselas.

También la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, dejó la reunión debido a que uno de los miembros de su gabinete ha resultado positivo en un análisis, aunque ella afirma que no está contagiada. Entre una cosa y otra, la cuestión de la discreción con la requisa de los móviles de los presidentes parecía obligada.

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