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¿Por qué el legado de LeBron es ya tan grande como el de Jordan o Kobe Bryant?

Emilio V. Escudero


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«Ahora quiero un poco de maldito respeto», señaló con cierta ironía LeBron James nada más convertirse en campeón por cuarta vez. James, al que muchas veces se ha infravalorado a lo largo de su carrera, se quitó un peso de encima con este nuevo anillo que le confirma como uno de los más grandes de la historia. Sin ser el que más títulos tiene –inalcanzables los 11 de Bill Russell con los Celtics– y aún lejos de los 6 MVP’s en las finales de Michael Jordan, lo cierto es que LeBron acapara un aura que le sitúa por derecho propio en lo más alto de la canasta mundial. «Es el mejor jugador de baloncesto que este universo haya visto. Y si piensas lo contrario es porque no estás cerca de él en el día a día. Ver cómo funciona su mente, los ajustes que hace y la forma en la que lidera al grupo le hacen único», afirmaba Frank Vogel, técnico de los Lakers, tras levantar su primer título de campeón.

Él es el tercer entrenador al que James lleva a la gloria después de haberlo hecho con Eric Spoelstra en los Heat (2012 y 2013) y con Tyronn Lue en Cleveland (2016). Es precisamente esa capacidad de reinventarse para ganar y liderar con tres proyectos tan diferentes lo que hace a LeBron tan especial. Porque nadie antes había conseguido ser campeón con tantas franquicias siendo, además, el mejor sobre la cancha en las cuatro finales.

«Cuando llegué le dije a Jeanie Buss –propietaria de la franquicia– que devolvería a los Lakers al lugar que merecían. Nunca perdí la esperanza y ahora todo el mundo vuelve a respetar a esta institución», reconocía LeBron, que cumplía así además con su promesa de continuar el legado de Kobe. De hecho, la memoria de Bryant ha estado muy presente en una temporada llena de dificultades que comenzó con la muerte de la leyenda angelina y que se complicó con la llegada de la pandemia. Por momentos se pensó que no habría campeón este año, pero LeBron fue uno de los más beligerantes para que se formara la burbuja de Orlando y los playoffs se terminaran disputando aunque fuera con un alto coste personal. «Durante todas estas semanas, aveces me preguntaba si debería estar aquí. Si merecía la pena sacrificar mi vida familiar durante tanto tiempo. Me he perdido la entrada de mi hija en la guardería o el 16 cumpleaños de mi hijo… Pero cuando llegas a este momento, todo merece la pena», reflexionaba el jugador, que daba por buena la experiencia. A sus 35 años, aún aspira a lograr más títulos, pero esa no es su aspiración principal. Su meta en el horizonte es alargar su carrera para poder coincidir en la liga con su hijo LeBron Jr., que a sus 16 años es una de las grandes promesas del baloncesto colegial. Por eso, James cuida su cuerpo al milímetro, con una dieta especial. Todo para cumplir su último sueño.

De Orlando, además de un anillo, James se lleva el respeto que muchos aficionados se negaban a darle hasta el momento. No tanto por el título o su triple doble (28 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias) en el último partido ante los Heat (106-93) sino por su implicación en la lucha contra los abusos raciales en Estados Unidos. Como en la cancha, LeBron ha sido un líder para el resto de jugadores fuera de ella. Tanto, que no le importó apoyar el parón o la posible cancelación de la temporada si no se llevaban a cabo medidas concretas para la erradicación de esa lacra en el país.

Este compromiso social –cuya ausencia se le criticó tanto a Michael Jordan– es parte de su legado y una de las causas de su inmensa leyenda. De hecho, hace tiempo que James vive volcado con la comunidad. El «23»financia con fondos propios una escuela en Akron donde niños en situación de riesgo reciben educación de calidad. Un líder del que ya nadie duda y al que aún le quedan años para hacer aún más grande una leyenda infinita.

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