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La candidata de Trump al Supremo dice que los tribunales no deben hacer activismo

David Alandete

Corresponsal en Washington
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Más que sobre los méritos, los veredictos o las opiniones de la candidata de Donald Trump para el poderoso Tribunal Supremo de EE.UU., la primera vista oral a la que este lunes se enfrentó la juez Amy Coney Barrett en el Senado se centró, sobre todo, en plazos. Concretamente, en la premura de los republicanos por llenar el hueco dejado por la muerte de la magistrada feminista Ruth Bader Ginsburg hace menos de un mes.

Las elecciones son el 3 de noviembre, y los demócratas lamentan que el presidente esté maniobrando para dejar una corte sólidamente conservadora en caso de que los votantes le evacuen de la Casa Blanca. Los republicanos respondieron abiertamente que esperan que la juez ya esté sentada en la bancada del Supremo en un mes, cuando estos procesos han tardado de media casi 70 días.

Barrett, que tiene una fulgurante carrera a sus espaldas —como profesora de derecho primero y juez federal desde 2017— defendió que aplicará la ley de forma imparcial, siempre, eso sí, interpretando la Constitución y las leyes de forma literal. Este detalle es muy importante, todo un alarde de conservadurismo judicial por parte de Barrett, que así se declara adepta de la filosofía judicial ya imperante en la Corte Suprema, partidaria de una interpretación de las normas escritas tal y como fueron aprobadas en su tiempo. Es justo lo opuesto que defendía la jueza fallecida Ginsburg y sus compañeros en la izquierda de la bancada, propensos estos a interpretar las leyes según los cambios sociológicos y políticos del momento.

Según explicó la juez Barrett, «los tribunales tienen una responsabilidad vital para con el estado de derecho, que es fundamental para que una sociedad sea libre. Pero los tribunales no están diseñados para resolver todos los problemas o corregir todos los errores de nuestra vida pública. Yo creo que puede servir a este país en ese papel». Fue un rechazo integral del activismo judicial por parte de la que sería la quinta mujer en ingresar en el Supremo.

«Creo que los estadounidenses de todos los orígenes merecen una Corte Suprema independiente, que interprete nuestra Constitución y nuestras leyes tal y como están escritas. Y creo que puedo servir a mi país desempeñando ese papel», dijo. Y añadió: «Las decisiones políticas y los juicios de valor del gobierno deben hacerlas las ramas políticas elegidas por el pueblo. El público no debe esperar eso de los tribunales. Y los tribunales no deben intentarlo».

En aquel momento, la juez Barrett se había quitado la mascarilla negra que había lucido durante las casi seis horas de discursos preliminares de sus señorías en la comisión de Justicia, muchas de ellas en campaña por las elecciones del 3 de noviembre, en que se renueva no sólo la presidencia, sino un tercio del Senado.

Kamala Harris, por videoconferencia

La que es candidata demócrata a la vicepresidencia, la senadora Kamala Harris, entró por videoconferencia y criticó con dureza que hubiera más de 50 personas encerradas en una sala, sin guardar medidas sanitarias a su entender mínimas para prevenir el contagio, y sin requerir pruebas de coronavirus a los asistentes. (La juez Barrett pasó el virus hace varias semanas, en verano)

«Esta vista ignora las necesidades más básicas que dicta el sentido común», lamentó la senadora Harris. «El senado debería centrarse en ayudar a los afectados por el coronavirus y en aprobar el paquete de estímulo que necesitamos por la pandemia», añadió. Las negociaciones sobre el segundo rescate están en punto muerto, después de que el presidente Trump rompiera de nuevo todo contacto con los demócratas, que controlan la cámara Baja, o de Representantes, que no tiene papel en esta vista de confirmación. Una vez la comisión de Justicia apruebe la candidatura de Barrett, como hará por la mayoría republicana, se enviará para que vote el Senado en pleno.

Este es la tercera ocasión en que Donald Trump propone un juez del Supremo, que tiene nueve miembros en desempeño vitalicio de sus funciones. En la anterior, hace dos años, el juez Brett Kavanaugh se enfrentó a duras acusaciones de acoso sexual, detalladas por varias mujeres. Una profesora universitaria compareció en la misma vista oral para detallar una agresión supuestamente ocurrida cuando ambos estudiaban en el instituto. El juez fue confirmado en uno de los votos del Senado más ajustados en la historia.

Como ya ocurrió con Kavanaugh, aunque con menor afluencia, un grupo de manifestantes tomó las entradas del Senado para protestar por la elección de candidata y la rapidez del proceso. Varios de ellos fueron detenidos después.

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