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Trump hace campaña este lunes en Florida tras declararse inmune al coronavirus

David Alandete

Corresponsal en Washington
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Sin esperar a sus médicos, Donald Trump se declaró este domingo ya inmune al coronavirus, y se lanzó en la recta final de las elecciones a una frenética sucesión de viajes y mítines para pelear por la reelección, con la idea de reeditar su inesperada e impactante victoria de 2016. El escenario es ciertamente similar al de hace cuatro años: el candidato demócrata va muy por delante en las encuestas de voto general y en los estados decisivos y, tras una mayor recaudación en donaciones, tiene mucho más presupuesto para anuncios. El presidente, por lo tanto, no tiene tiempo que perder.

Lo primero que ha hecho Trump ha sido dar garantías de que ya no es contagioso, de ahí que ayer hiciera todo un ejercicio de divulgación médica en su perfil de Twitter, donde ya tiene 87 millones de seguidores. «Un alta completa y total por parte de los médicos de la Casa Blanca ayer. Eso quiere decir que ya no lo puedo coger (inmune) y que no puedo transmitirlo. ¡Me alegra saberlo!», dijo por la mañana en la red social. Sus médicos, sin embargo, no dijeron tal cosa, al menos no en esos términos.

En el parte escrito del sábado por la noche, el doctor Sean P. Conleydijo que Trump estuvo «sin fiebre durante más de 24 horas y todos los síntomas mejoraron» y que ya no hay «prueba de que el virus se reproduzca ya activamente». Sí que hay, dijo el doctor, una «disminución de las cargas víricas», pero no habló en ningún momento de inmunidad. Eso sí, le permitió expresamente a su paciente «retomar su actividad».

Frenesí electoral

Y vaya si la ha retomado. El sábado, antes de recibir este «alta completa y total», el presidente ya se había asomado al balcón trasero de la Casa Blanca para dar un breve discurso de 18 minutos a un millar de personas reunidas en un mitin de apoyo a la Policía tras los disturbios raciales del pasado verano. Aunque Trump estaba lejos, se le vio un gran esparadrapo en el dorso de la mano derecha, señal de que parte del tratamiento recibido puede haber sido intravenoso. El presidente ha tomado cócteles de anticuerpos, antivirales y esteroides.

Con o sin esparadrapos, Trump ya da este lunes un mitin de los suyos, multitudinario, improvisado y seguramente de una hora de duración, en Sanford, una localidad de Florida cercana a Orlando. De ahí volverá a Washington para seguir mañana y pasado a Pensilvania y después a Iowa, todos ellos estados que debe ganar, como ya hizo en 2016, para asegurarse la presidencia, aunque pierda el voto popular. Ya hace cuatro años, Trump obtuvo tres millones menos de votos que Hillary Clinton, pero se impuso en el complejo cómputo del colegio electoral.

Pensilvania, en concreto, se ha convertido en uno de los estados más codiciados, con sus 20 votos en el Colegio Electoral (para ganar la Presidencia se necesitan 270). Biden estuvo allí el sábado, en Erie, uno de los condados que eligió a Trump en 2016 pese a ser considerado un bastión demócrata. Hace cuatro años, el actual presidente ganó el estado por apenas 12.000 votos. El demócrata espera mejorar el resultado porque aunque ahora reside en Delaware, en realidad nació en Pensilvania, en la localidad de Scranton.

Ya solo quedan tres semanas para las elecciones, y el trance de pasar el coronavirus y ser ingresado por ello le ha pasado factura a Trump, dado que Biden se ha disparado a 10 puntos de distancia en las encuestas de voto directo. La de la cadena Abc y el diario «The Washington Post», publicada este lunes, dan de hecho al demócrata 12 puntos por encima de Trump. En marzo de 2016, Clinton llegó a estar 11 puntos por encima de Trump, pero esa distancia se recortó a seis puntos en estas fechas.

El presidente, además, se centra en hacer campaña cuando el Capitolio se ha bloqueado ante el titánico esfuerzo de aprobar un nuevo plan de estímulo billonario para atajar la crisis económica provocada por la pandemia. El paro sigue en un insólito 7,9%, algo que no se ve desde la Gran Recesión de hace algo más de una década. Demócratas y republicanos dicen querer que se apruebe ese gran rescate, pero ambas partes recelan de darle a la otra motivos para sumar votos. Cabe recordar que el 3 de noviembre se renueva no sólo la Presidencia, sino también toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

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