Economía

Un salvavidas para que Sánchez acabe la legislatura

José Luis Escrivá


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«Con este Gobierno el gasto público crece un 52%», presumían en las filas de Podemos el pasado martes con la presentación del techo de gasto para 2021, como si eso fuera un logro y no una pesada losa que se carga sobre los hombros de los que vendrán detrás. Un día después, el presidente Sánchez lanzaba a bombo y platillo su Plan de reconstrucción pagado con dinero europeo -buena parte del cuál habrá que devolver-, cargado de objetivos muy verdes y muy grandilocuentes, pero con poca reforma que garantice que la economía será capaz de generar la riqueza necesaria para poder devolver después los fondos. El titular del día fueron los 800.000 puestos de trabajo que Sánchez prometió crear con ese plan. A los que llevamos ya unos años en la profesión, esta promesa, con dinero prestado, por cierto, nos sonó demasiado a los 800.000 puestos de trabajo que prometió Felipe González en 1982 y que nunca llegaron a materializarse. Con la diferencia de que cuando Felipe González hacía esa promesa apenas había 10 millones de personas trabajando, hoy más de 19 millones. Esos 800.000 puestos de trabajo, por tanto, apenas sirven para cubrir los 700.000 perdidos desde que llegó a Moncloa en junio de 2018, y son apenas la mitad de los que se crearon con los gobiernos de Rajoy.

No obstante, y aunque la cifra puesta en perspectiva no sea tan gradilocuente como sonó, lo cierto es que los fondos europeos son, sin duda, un salvavidas al que Sánchez quiere agarrarse para extender su legislatura y si es posible, agotarla. Por eso el plan que presentó hablaba solo de los próximos tres años. Por eso quiere incluir ya en los Presupuestos del próximo ejercicio 27.000 millones de fondos europeos, por eso quiere que quien controle el uso de esos fondos y su impacto no sea un grupo de expertos, sino una comisión interministerial formada por ellos mismos. Nosotros a gastar y el que venga detrás que se ocupe de los ajustes.

La esperanza vuelve a estar en Europa. España no recibirá el dinero si antes no se garantiza que se utiliza bien y que servirá no solo para apuntalar la digitalización de nuestras empresas y nuestras administraciones, sino también la transformación hacia una economía más verde. Pero estos fondos deben utilizarse también para intentar corregir los principales agujeros negros de nuestro tejido productivo que hacen que nuestro país sea más vulnerable que el de la mayoría de nuestros socios europeos en los momentos de crisis. Lo vimos en la crisis financiera de 2008 y lo estamos viviendo de nuevo. Y estoy hablando, por ejemplo, de aprovechar los fondos para incentivar el aumento del tamaño de nuestras pymes; para reducir la temporalidad de nuestro mercado de trabajo con fórmulas como la mochila austriaca; o para acabar con burocracias estériles que impiden el desarrollo de los negocios. De todo eso no hemos oído ni una sola palabra. Y solo nos queda confiar en que Europa garantice que se haga un buen uso de estos fondos, como en su día España hizo de los fondos estructurales y que estos gastos no acaben siendo una pesada losa para los Gobiernos y las generaciones venideras.

Las cifras. 72.000 millones de euros son los que pretende pedir el Gobierno de Sánchez a la UE para gastar en los próximos tres años hasta que, en teoría, acabe la legislatura. De esta cifra, 27.000 irían ya en los Presupuestos del próximo ejercicio. Con estos fondos prevén la creación de 800.000 puestos de trabajo.

Yolanda Gómez RojoYolanda Gómez RojoSubdirectoraYolanda Gómez Rojo

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