Economía

Las huelgas revelan los males de la sanidad catalana en plena alerta por el coronavirus

Huelga de los mir.

El paro de los trabajadores de las ambulancias se une a las protestas de los mdicos residentes y de atencin primaria


Huelga de los mir.
A. MORENO

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  • Huelga.

    Los mdicos jvenes denuncian: Nos turnamos en la misma cama para dormir

Tres convocatorias de huelga se solapan en la sanidad pblica catalana mientras el coronavirus amenaza con volver a asomar al colapso a los sanitarios, fatigados tras siete meses de sobreesfuerzo. Equipos de las ambulancias de las empresas contratadas por la Generalitat han iniciado un paro indefinido este viernes. Toman el relevo tras ocho jornadas de manifestaciones de los mdicos aprendices, los mir, quienes pondrn pausa de nuevo del 19 al 23 de octubre a unos turnos que definen de extenuantes. Tambin estn convocados los facultativos de la atencin primaria, desbordados para abarcar toda la demanda a la vez que afrontan la epidemia. Se les llama a interrumpir las consultas del martes al viernes de la semana que viene.

Si bien las protestas discurren por separado, subyace una misma irritacin por retribuciones que juzgan precarias y una carga excesiva de trabajo. El malestar se ha agudizado con la Covid, que ha exigido an ms a unas plantillas cuyo desgaste viene de largo.

Hemos soportado un nivel de exposicin muy alto, palpa Ramon Vilella, responsable del sector de transporte sanitario en UGT. Verbaliza el agravio que alienta la movilizacin: el contraste entre las condiciones laborales del Servicio de Emergencias Mdicas (SEM), dependiente del CatSalut, y el personal subcontratado. Hubo un momento de la pandemia en que en el SEM llevaban mascarillas de mxima proteccin mientras que en ambulancias de la zona confinada de la Conca d’dena iban con mascarillas de bricolaje. Las empresas han mirado para otro lado para minimizar el impacto del gasto en equipos de proteccin, critica.

Los huelguistas exigen que se les equipare en remuneracin, dedicacin y protocolos de seguridad a la flota de la Generalitat. Hemos tenido un recorte global del 14% que no se ha recuperado. Ha llegado la Covid y la gente se ha dado cuenta de que hacemos lo mismo que el SEM, con un riesgo ms elevado, trabajando ms horas y cobrando menos, compara Vilella. Calcula que un empleado subcontratado gana unos 300 euros menos y cubre 176 horas ms que otro a sueldo de la administracin pblica.

Se aade que al grueso de los 5.000 efectivos de vehculos privados que la Generalitat costea se les ha restado una parte del salario recobrado mientras no cristalizan las negociaciones para renovar el convenio laboral, encalladas desde hace tres aos. Hemos debido buscarnos la vida para no contagiarnos y, a la mnima, nos tocan la nmina, se indigna Vilella. Nos han quitado 10 o 12 euros al mes, que puede ser una minucia, pero colma el vaso. Las empresas continan efectuando polticas de castigo cuando la desproteccin del profesional es un hecho, reprocha el sindicalista, que reprueba el inmovilismo de la administracin para corregir desequilibrios.

Por encima de los lmites

Los polticos deben mover ficha. Ya necesitbamos hechos antes de la pandemia, pero ahora todo ha saltado por los aires, evala Joan Herreros, mdico de familia en el ambulatorio de Granollers Sur. Un doctor del centro puede atender entre 150 y 180 llamadas al da mientras otro compaero recibe unas 50 visitas, por encima de los lmites aconsejados para prestar un servicio adecuado. Siempre escasea el tiempo, pero ahora es insuficiente. Siempre hemos ido sobrecargados, pero ahora es insoportable, describe Herreros, quien percibe que la soledad, la sobrecarga y el abandono en el primer escalafn de la red de salud se ha agravado con la Covid.

El sindicato Metges de Catalunya estima que faltan ms de 1.000 facultativos en atencin primaria, a la que se encomienda el control de contagios en primera instancia y la supervisin en residencias y centros educativos. Hace sufrir la impresin de no llegar a todo. Qu hacemos con los crnicos, los frgiles y los pacientes domiciliarios?, se plantea Herreros. En su consultorio tratan desde esta semana que los doctores retomen el seguimiento de sus pacientes habituales, relegados por la epidemia.

Tenemos la sensacin de que maduran la enfermedad solos en casa, con una demanda muy ocasional. Hay evidencias de que empeora la salud de la poblacin, alerta el mdico, preocupado porque hay patologas que se desatienden: No tenemos suficientes refuerzos y no todo se puede solucionar por telfono. La gente mayor tiene pnico a salir cuando le pedimos que venga para un diagnstico ms preciso. Hay cuestiones importantes de las que no nos enteramos, pero no podemos ser proactivos cuando no se tiene tiempo ni para pensar. Es peligroso.

Ahonda en el pesimismo la falta de vocaciones que detecta para recalar en los ambulatorios: En cinco aos se jubila en torno al 25% de nuestros mdicos y no tenemos recambio. El destino no seduce, se trabaja mucho y no hay posibilidad de promocin. Somos marines, estamos en la trinchera. Lo que hacemos es trabajar y trabajar. Cuando se asume tanta presin es normal que la gente se rompa. Es un demrito de nuestros polticos que profesionales motivados sufran ansiedad anticipatoria los lunes.

Herreros admite que detenerse con la infeccin al alza puede resultar impopular. Nunca es buen momento, pero no podemos aguantar mucho ms. Es una medida de fuerza para que solucionen esto, esgrime. Si la pandemia se descontrola, deberemos repensar las movilizaciones, reconoce lex Mayer, portavoz de los mir en huelga, quien subraya que el sistema flaquea porque la consejera no da respuesta a diferentes colectivos. Los principiantes han rebajado su peticin de 30.000 euros anuales de ingresos para residentes de primer ao a 20.000. Solo nos ofrecen 50 o 60 euros ms, segn el ao, recrimina Mayer.

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