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Pence se impone a Harris por los puntos en un debate sosegado

Rafael M. Mañueco

Corresponsal en Nueva York
Actualizado:08/10/2020 05:35h

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El debate entre Mike Pence y Kamala Harris, los dos candidatos a la vicepresidencia de EE.UU., y el que protagonizaron Donald Trump y Joe Biden la semana fueron el día y la sombra. Si este zaguero fue una bronca continua, con interrupciones constantes de Trump y ataques personales en los que igualmente participó Biden, el batalla entre los «segundos de» fue una balsa de óleo.

Lo exigió la moderadora, Susan Page, periodista de «USA Today», desde el principio: «Queremos un debate animado. Pero los estadounidenses merecen una discusión que sea cívica», advirtió antiguamente de que comenzaran las intervenciones. El debate no solo no resultó animado, fue incluso soso. E inexistente. Porque Pence y Harris no se dedicaron a batallar, ni la moderadora les invitó a ello. Se limitaron a colocar sus mensajes.

En ese formato, ganó Pence por los puntos. No porque fuera más brillante o convincente que Harris, sino porque venía en desventaja en medio de la avalancha de Covid y del positivo de Trump y consiguió repetir mensajes que el votante conservador quiere escuchar y que se pierden en el ruido que rodea a Trump.

La rigidez del debate le favoreció. Hubo mucho espacio para musitar de los temas que convencen al votante conservador y moderado: posesiones, recortaduras de impuestos, Tribunal Supremo, policía. Cuando la preguntaba no le interesaba, Pence, sin mover una ceja, respondía otra cosa. La indiferencia de la moderadora y de su rival, que estuvo contenida, le beneficiaron.

Harris sacó partido de los primeros bloques del debate, dedicados a la avalancha. Calificó la dirección de la Sucursal Trump -con Pence al frente del orden de trabajo de la Casa Blanca- como «el decano fracaso de todas las administraciones en la historia del país» y recordó su recibo: los más de 210.000 muertos, los 7 millones de contagios, los millones de empleos perdidos, las empresas que han cerrado… Acusó a Trump y a Pence de aprender desde finales de enero la gravitación de la avalancha y no ejecutar al respecto. «Lo sabían y lo encubrieron. El presidente dijo que era una pantomima», dijo.

Como respuesta, Pence repitió la defensa habitual de Trump: la suspensión de los viajes desde China logró vencer tiempo y salvó «cientos de miles de vidas» (el presidente prefiere sostener «millones»). No respondió a la pregunta de por qué EE.UU. tenía muchos más muertos per capita que muchos países y dijo, con pomposidad e insistencia, que el presidente «puso las vidas de los estadounidenses primero». Con inteligencia, convirtió los ataques de Harris a su Gobierno en un ataque «a los sacrificios que han hecho los estadounidenses».

«Tener respeto a los estadounidenses es sostener la verdad», contestó Harris. «La ineptitud de esta Sucursal es que no quiso sostener la verdad. Y por eso los estadounidenses tuvieron que hacer grandes sacrificios».

Como era de esperar, la parte dedicada a la avalancha es a la que más provecho sacó Harris. En el resto del debate, estuvo contenida y sin ganas de enzarzarse con Pence en ninguna discusión. La senadora demócrata, que fue fiscal común de California, tiene triunfo de interrogadora feroz. Pero se dejó las garras en casa. Quizá por error de tablas. Quizá porque la campaña de Biden quiso esparcirse seguro: las encuestas dan delantera a Biden y un traspiés, un ataque exagerado hubiera sido perjudicial. Y uno de sus grandes objetivos es convencer al votante moderado y convencerle de que Biden y Harris no son la izquierda radical que retrata Trump. Una mujer agresiva tiene el peligro de asustar al votante moderado. En el debate, Harris fue todo -o casi todo- sonrisas.

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