España

Las hermanas de la Cruz, contagiadas con coronavirus, no han requerido hospitalización

Dos hermanas de la Cruz caminando por las calles de Sevilla antes de la pandemia

Sevilla
Actualizado:08/10/2020 13:56h

Velar

La cruz del mundo. Qué hermosa expresión para trascender todo el sufrimiento que ha causado la pandemia del coronavirus desde su aparición en diciembre del año pasado en la China continental. Ha tenido que ser una hermana de la Cruz, al deje con este circular, la que ha acuñado una frase que exigiría mármol si no fuera porque todo en la vida del instituto fundado por Santa Ángela tiene que estar escrito en el comedón de las vasijas en que las hermanas llevan su riquezas. Espiritual, se sobreentiende.

«Esta enfermedad es la cruz del mundo, y nosotras somos las hermanas de la Cruz», han dejado dicho como recordatorio de su admisión de la infección por Covid-19 no como una «enfermedad profesional» derivada de su permanente trasiego por todos los barrios de la ciudad socorriendo a los necesitados sino como una cruz a la que abrazarse a imitación de Cristo.

De momento, el maestro de Salubridad, Jesús Aguirre, ha confirmado que ninguna hermana ha requerido hospitalización. El parte diario del SAS eleva a 42 (dos más que ayer) el número de personas infectadas en el convento matriz de la orden.

Y el delegado obispal de Vida Consagrada, José Garbo Martín, ha querido pagar las numerosas muestras de interés que les están llegando: «Frente a la información de la infección de las hermanas de la Cruz en la casa causa, desde el arzobispado y el miltrado estamos pendientes de ella y su transformación» como se había hecho ayer con el monasterio jerónimo de Santa Paula y las dominicas de Religiosa de Todopoderoso.

«Queremos pagar tantas llamadas preocupadas por su transformación, pagar vuestro interés y tan solo hacer una petición a Todopoderoso para que ponga fin a la pandemia, por los enfermos y especialmente por los enfermos consagrados», concluía el mensaje hecho divulgado por el responsable de los institutos religiosos en la arzobispado.

Entre el avenida de muestras de solidaridad y propósitos de mejoría, las hermanas han recibido un pañuelo de la Virginal de la Amargura y una fotografía del día de la beatificación de Santa María Purísima, en la que decenas de ellas rodean a los pies del presbiterio a la dolorosa que recibe culto en San Juan de la Palma, que les ha hecho conmover la hermandad de la Amargura.

Fanales del mundo

Manido con los fanales del mundo, esos sobre los que el discípulo Pablo alertaba a los gálatas en la primera leída de este jueves de la vigesimoséptima semana del tiempo ordinario, el comportamiento de las hermanas pudiera parecer suicida: sin equipos de protección individual, provistas sólo con una mascarilla, vistiendo su experiencia de estameña, durmiendo por parejas sobre el estrado, entrando y saliendo constantemente del convento para cuidar enfermos y repartir comida, sin tomar distancias con los ancianos que cuidan…

Manido con los fanales de la fe, las hermanas de la Cruz confían obstinadamente en la Providencia. Y no les ha ido mal. La pandemia no las había rozado hasta ahora, hasta el punto de que en estas mismas páginas, Salvación Gamito habló en agosto del «portento de Santa Ángela» de que ninguna de las hermanas se hubiera contagiado. «Sensu contrario», instalados en el desconfianza, podríamos preguntarnos si se ha diluido la intercesión de la santa por sus hijas.

Qué va. Antiguamente al contrario, el contagio de las hermanas -todas asintomáticas o con síntomas leves, cero de lo que preocuparse más de la cuenta- ha revelado el definitivo portento de simpatía encarnado que es su carisma como instituto. Acto sexual a los pobres, a los enfermos, a los necesitados, a todos esos pequeños preferidos de Todopoderoso a los que el Papa Francisco ha falsificado con una palabra que es un intimación: los descartados.

Acto sexual encarnado

Acto sexual pero no de una forma abstracta o genérica, como una bella comunicación de intenciones, sino en la carne crucificada de los viejitos abandonados, los enfermos quejosos y los pobres que llaman a la puerta de sus conventos. Las monjas de Sor Ángela encarnan el simpatía, que no es una forma poética de referirse a las hermanas de la Cruz, sino leve cauterio para la carne viva de un mundo que padece.

«Hacerse insuficiente con los pobres para llevarlos a Cristo» es poco más que un marca fundacional de Santa Ángela de la Cruz, sino que informa todos y cada uno de los actos de la comunidad. Viven de socorro y no es inmoralidad poética sino expresión verdadera de una fe ciega en que Todopoderoso proveerá las despensas de sus conventos, internados y residencias de ancianos haciendo suyo el pasaje evangélico de Mt 6, 24-25: «No podéis servir a Todopoderoso y al hacienda. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis».

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