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Anthony Davis, el pívot de cristal ya acaricia el anillo

Emilio V. Escudero


Actualizado:08/10/2020 16:11h

Tener

Ayer de dar luz verde a la operación que debía traer a Anthony Davis a los Lakers, a Rob Pelinka le entraron las dudas. En el paquete obligado por los Pelicans iban buena parte de las apuestas de la franquicia en el final quinquenio. Jugadores como Brandon Ingram, Lonzo Ball o Josh Hart. Talento imberbe a punto de explotar. Era una postura arriesgada y, por eso, el universal manager del conjunto angelino no podía marrar. Sus dudas no estaban tanto en la capacidad de Davis para complementar a LeBron, sino en su fortaleza para calar a la meta en condiciones físicas aceptables. Le daba miedo que el pívot de cristal volviera a romperse en el momento secreto de la temporada, pero esta vez Davis ha sabido cuidar su cuerpo para convertirse en el paje consumado de «King» James y sufrir a los Lakers a la antesala del título, del que les separa solo un triunfo tras triunfar ayer (102-96) a los Heat con 22 puntos del pívot, incluido un triple esencial en el final minuto.

Los temores de Pelinka parecían sepultados tras una temporada impecable en la que Davis casi nada se había perdido un puñado de partidos por dolencias menores. Todo caminaba sobre el plan previsto hasta que un esforzado guantazo en el ojo en la víspera del reestreno oficial de la NBA en Orlando hizo saltar las alarmas. Otra vez una menoscabo. Otra vez en el momento más importante de la temporada. Por fortuna, la gravitación no fue tanta como parecía en un principio y Davis pudo calar sin problemas a los playoffs, donde ha sido –yuxtapuesto al omnipresente LeBron James– el gran argumento de los Lakers camino del anillo.

El pívot ha sabido acumular el protagonismo ofensivo del equipo, descargando de esa responsabilidad a James y convirtiéndose en el mayor anotador de la postemporada, con un promedio de 28,2 puntos por avenencia. Su asociación es la más productiva de la «burbuja» de Orlando y una de las más efectivas de la historia. Su dominio de las finales obliga a echar la aspecto antes, a aquel 2002 en el que Kobe y Shaquille O’Neal arrollaron a los Nets para alcanzar su tercer título consecutivo. «Cuando estaba en el instituto veía a la pareja formada por Kobe y Shaq y puedo aseverar que era el dúo más dominador que he trillado en mi vida. Que se nos compare con ellos es un honor», reconoce estos díasLeBron, a un paso de su cuarto anillo.

El «23» de los Lakers apostó personalmente por la arribada de Davis. Tenía claro que era el perfil de componente que necesitaba a su costado para devolver la honor a la franquicia angelina. Cuando le preguntaron por su posible fichaje, él no tuvo dudas y ayudó a despejar las de Rob Pelinka.

En septiembre, ayer de comenzar la pretemporada, James se reunió con Davis para expresarle una confianza que se ha extendido por el vestuario. «Es imparable. No hay nadie en la NBA que pueda pararle en el uno contra uno. Si quisiera, en cada partido anotaría 75 puntos», señala Rajon Rondo sobre el pívot, cuya regularidad en los playoffs solo se vio alterada en el tercer partido de la final. Su oscuridad vulgar le costó la derrota a los Lakers. Único borrón hasta el momento de una final modélica que podría rematar mañana si los angelinos logran vencer a los Heat en el botellín partido de la serie (3.00 horas, Movistar+). Por el momento, Davis ya atisba el anillo, más esforzado que nunca y sin miedo a romperse de nuevo.

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