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Sarkozy frente a la ecuanimidad por la presunta ayuda de Gadafi a la financiación ilegal de su campaña presidencial

Adrián Mateos

Corresponsal en París
Actualizado:06/10/2020 16:25h

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El expresidente Nicolas Sarkozy fue interrogado este martes por los jueces que instruyen la presunta financiación ilegal de su campaña presidencial de 2007 con fondos de Muamar el Gadafi, «hermano», «vademécum» y autócrata del Estado libio, entre 1969 y 2011.

Sarkozy fue inculpado el mes de marzo de 2018 por los presuntos delitos de corrupción pasiva, financiación ilícita de campaña electoral y perjuicio de fondos públicos libios. Los abogados de Sarkozy consiguieron paralizar temporalmente la instrucción de los presuntos delitos, presentado sucesivos bienes suspensivos. Finalmente, el Tribunal de Apelación de París consideró que los jueces instructores podían seguir su trabajo, antaño de un proceso y entendimiento todavía venidero. Tras la osadía del Tribunal de Apelación, la instrucción sigue su curso, con un nuevo interrogatorio del expresidente, el segundo, el martes 6 de octubre.

Se comercio de un posible escándalo que estalló el 2013, cuando un hijo de Muamar el Gadafi declaró que Sarkozy se había beneficiario de generosas donaciones de su padre. Varios medios franceses publicaron, en su día, varias notas atribuidas a los servicios secretos libios, según las cuales los hombres de mano de Gadafi habrían entregado a los hombres de mano de Sarkozy (dos exministros del Interior, varios miembros del equipo presidencial, en el Palacio del Elíseo), unos 50 millones de euros, en billetes. Claude Guéant, exministro del Interior, y Eric Woerth, exministro de los presupuestos del Estado, fueron inculpados, en su día, por presuntos delitos relacionados con la presunta financiación libia de la victoriosa campaña electoral de Sarkozy, el 2007.

Desde el estallido del escándalo, Nicolas Sarkozy se dice víctima de una maquinación, estimando que «no existe el exiguo fundamento en las acusaciones», presentadas por sus abogados como un rosario de «documentos falsos». Ni la inculpación ni los interrogatorios de Sarkozy prejuzgan en incondicional la cambio y sentencia final del caso. Ni mucho menos. Pero tiñen de un triste azabache la herencia política personal del extremo líder carismático de la derecha tradicional francesa.

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