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Pedro Sánchez contra Madrid y la clase media

Pedro Sánchez contra Madrid y la clase media
Foto: © EFE

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Es conocido que la izquierda entiende la posesiones como un charnela de suma cero, donde cuando algún apetito es porque algún pierde. Es habitual que para explicar la gobierno de los posibles, se refieran a la metáfora del reparto de raciones de una tarta de un tamaño fijo e inamovible.

La posesiones, felizmente, no funciona así. Hay intercambios en los que todos pierden, y otros en los que todos ganan. Hay destrucción y creación de riqueza, y se pueden poner en marcha políticas para empujar en alguna de estas direcciones. La tarta puede ser más extenso o más pequeña, o se pueden hacer más tartas.

Madrid desafío desde hace 25 abriles por la creación de riqueza, y lo hace apoyándose en la mejor palanca posible para el crecimiento: la franqueza. La franqueza de circulación, de empresa, la franqueza educativa, la sanitaria, o la franqueza para administrar tus propios posibles con impuestos bajos. La franqueza de opción en todas sus formas porque, como decía el cardenal Tomasek, la franqueza es indivisible.

El éxito de Madrid supone un estorbo para el gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias porque un recordatorio permanente, contemporáneo y fastidioso de las políticas que efectivamente funcionan, frente al rodillo socialista que nos quieren imponer como única posibilidad auténtico. En un sistema rumboso cerca de un pensamiento socialdemócrata, pero en un sistema socialista solo cerca de la sumisión y el acatamiento.

Con las políticas de la franqueza, Madrid ha pasado de ser la cuarta a ser la comunidad autónoma española líder en Producto Interior Bruto, la que consigue atraer el 75% de la inversión extranjera en España, la que tiene último deuda pública y la que aporta el 68% del fondo de solidaridad que se destina a sostener los servicios públicos de otras regiones españolas.

La comunicación de los planes del gobierno de España para incrementar el IVA a la sanidad y educación privadas es un torpedo en la radio de la flotación de Madrid y de la clase media española. Es una medida política que no solo sondeo saciar la valeverguista voracidad recaudatoria socialista, sino que ataca la franqueza de opción de las familias y es absolutamente antieconómica.

En una posesiones socialista ideal, un incremento de impuestos provoca un incremento de la cuestación de igual magnitud. Pero la posesiones socialista ideal es incompatible con la ingenuidad y no tiene en cuenta los incentivos. La subida del precio provocría que muchas familias, que hacían un serio esfuerzo por contar con un seguro médico o por aceptar a sus hijos a un colegio que les gustaba más, se vean obligados a renunciar a ellos. La clase media cae, se iguala por debajo, y aumenta la recurrente brecha entre ricos y pobres.

Un aumento repentino del 21% del coste disminuye la cantidad de personas que pueden abonar esos servicios, perjudicando a estas familias, a las propias empresas que los ofrecen, y a las personas que trabajaban en ellos, muchos de los cuales perderán su empleo.

Por otra parte, todas las familias que dejan de presentarse a la sanidad o la educación privadas, son familias que vuelven a consumir servicios públicos, lo que supone un coste viejo para la suministro. Por lo tanto ¿qué es lo que consigue esta medida? Simplemente perjudicar a la clase media, que se verá más dependiente de servicios gestionados por la suministro, más personas en paro dependientes de prestaciones y subsidios, y agravar una situación económica ya de por sí preocupante.

Sánchez desafío por la servidumbre frente a la franqueza, es afirmar, por más pobreza, pero con socialismo.

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