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Luis Enrique dilación a Adama

Adrián Mateos


Actualizado:06/10/2020 06:49h

Cuidar

Salvando la excepción, rotunda, de Ansu Fati, La Masía de los últimos primaveras ha regalado más noticiario por sus fugas de jugadores que por lo que ha conseguido aportar al primer equipo del Barça. La cantera azulgrana ya no es aquella factoría monumental de talento que eclosionó a finales del siglo pasado y de la que tanto han presumido los dirigentes culés. Entre lo mucho que se ha escapado en las épocas más recientes está Adama Traoré, a quien el sueño de corretear y triunfar en el Barça se le truncó nulo más cumplir la mayoría de perduración. Hoy, con 24 primaveras, el extremo triunfa en la Premier y forma parte por tercera vez de la convocatoria de la selección española. En las dos anteriores las lesiones, las presiones de Malí y el coronavirus le dejaron sin poder inaugurar. Luis Enrique cruza los dedos porque la tercera señal sea la buena. Incluso el tahúr, ilusionado por la insistencia en contar con él.

De padres malienses y nacido y criado en Hospitalet de Llobregat, Adama llegó al Barça con ocho primaveras y fue quemando las etapas habituales hasta datar al Barça B. Con buen regate y capacidad de desborde, su altísima velocidad le daba un plus delante el resto de chavales. En su gestación coincidió con Munir, Sandro, Grimaldo o el croata Halilovic, el Odegaard azulgrana de la época. En 2014 llegó a inaugurar en el primer equipo de la mano del Tata Martino, pero al año próximo se torció su idilio con el club azulgrana. Curiosamente, coincidiendo con el aterrizaje en el banquillo de Luis Enrique.

Sin oportunidades

Messi, Luis Suárez y Neymar formaban entonces un trío ofensivo insustituible. Y para los pocos descansos que se les concedía, el asturiano prefirió dar chance a Munir y a Sandro. El remate fue quedarse fuera de la pretemporada de 2015. Ahí decidió marcharse. Nunca ha incapaz que se fue del Barça dolido, sintiendo que no le daban una oportunidad que merecía.

Se habló de que lo quería el Liverpool, pero acabó en el Aston Villa. Para entonces ya lucía un físico portentoso fruto de cientos de horas en el estadio. Su obsesión por evitar las lesiones musculares y explotar la rapidez moldeó su figura hasta convertirla en una más propia de cierto que se anhelo la vida con el fútbol indiano o a las distancias más cortas del atletismo.

Con el Middlesbrough de Karanka comenzó a despuntar. El vasco cuenta, como detalle, que en los descansos de los partidos le cambiaba de bandada para tenerle siempre cerca del banquillo. No quería que se desbocase y se perdiera tácticamente. Era un error. Solo cuando tuvo albedrío ataque comenzó a rendir de verdad.

El Wolverhampton, su tercer equipo en Inglaterra, le ha llevado al primer plano internacional. Va a hacer un año desde que Robert Pardo le convocase por primera vez para defender a España. Entró en la última serie del catalán como sustituto del contuso Rodrigo. Solo un día a posteriori era él quien se caía por problemas físicos. Ya entonces se habló de las injerencias de Malí.

Luis Enrique, ahora ya convencido de su calidad, incluso se acordó de él en su primer reemplazo tras la pandemia. Esta vez fue el coronavirus quien tumbó su estreno. Adama llegó a concentrarse con el resto de internacionales, pero una recomendación de la UEFA le volvió a sacar de la expedición. Ya no puede favor más obstáculos.

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