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¿Sale ganga para los catalanes el proceso independentista de Cataluña?

¿Sale barato para los catalanes el proceso independentista de Cataluña?

¿Puede motivar la diferencia idiomática o gramática un proceso de cisma? ¿Es suficiente argumento el hecho diferencial del idioma o no bastaría para proclamar un distrito independiente de otro?

Si nos atenemos a criterios étnicos, iríamos por mal camino, un camino que pocos o casi nadie justificaría. Si atendemos a criterios idiomáticos, no parece suficiente exculpación. En el fondo, lo que nos queda al final son muchos argumentos políticos, unas gotas de idealismo romántico y muchos polvos de orgullo. Pero, ¿es tiene algún coste?

En Catalunya, hemos comprobado que si, que se ha manifestado, en el proceso de los últimos 15 abriles, una tendencia a la destrucción de la peculio y las bases de la apego de inversión externa. Para los autores de la London School of Economics el proceso ha entregado como resultado una trayectoria económica y de crecimiento discrepante entre Madrid y Barcelona, y que en las últimas fases, esta trayectoria ha sido muy negativa para Barcelona, que va quedando en el furgón de nalgas. Los autores atribuyen este proceso al descenso crematístico derivado del proceso independentista, el llamado “Procés”, que ha cerrado las puertas a la inversión externa y que incluso ha provocado la desinversión de grupos empresariales españoles.

“Madrid y Barcelona -indican los autores en su trabajo- han sido durante mucho tiempo las dos potencias económicas de España. Sin confiscación, durante las últimas tres décadas, Madrid se ha avanzado a Barcelona en prácticamente todos los indicadores económicos, convirtiéndose en una ciudad mucho más sobresaliente y el centro de la actividad económica en España”. Para los analistas, “la consolidación de Madrid como indiscutiblemente dominante en todos los terrenos, ya sean políticos, administrativos, financieros o culturales, ha producido una profunda ruptura en el status histórico de Barcelona” como referente mediterráneo y gran hub cultural y crematístico.

Los autores recurren a algunos datos ya publicados tanto por servicios de estudios españoles como por medios de comunicación, como la información publicada en diciembre de 2019 por diversos medios acerca del “sorpasso” en Producto Interior Bruto de Madrid respecto a Barcelona. Y de forma ilustrativa recurre al Editorial que La Vanguardia Publicó el 23 de diciembre de 2019 en la que abordaba “el éxodo de compañías catalanas, el descenso de la confianza y el avería del consumo y la congelación de la inversión”.

Mientras que Madrid ha entregado paso a convertirse en una ciudad mundial y dinámica, Barcelona ha ido descendiendo gradualmente en crecimiento demográfico y crematístico. Todos los indicadores apuntan a la hegemonía de Madrid sobre Barcelona: PIB, PIB per cápita, desempleo, inversión extranjera directa, creación de empresa… Todo ello dando al traste con una crecimiento muy positiva de Barcelona, desde principios de la decenio de 1980, en que se colocaba a Barcelona como la ciudad española con mayores perspectivas económicas. Tendencias que se han frustrado a partir de principios de los abriles 90.

¿Qué ha quedado de todas aquellas perspectivas? Pues en el momento coetáneo, cero. Desde principios de 1990, Madrid viene eclipsando a Barcelona de forma imparable, y si en 1975 el tamaño mundial de la peculio catalana era un 25% longevo que el de Madrid, y el PIB per cápita era levemente longevo al de Madrid en 1980, lo cierto es que a día de hoy el PIB per cápita es un 15% inferior al de Madrid y entre 2010 y 2018 Madrid atrajo casi el 62% de toda la inversión extranjera que llega a España, quedando Cataluña por debajo del 16% del total.

Por ello, para los autores “la principal explicación de la desajuste económica entre ambas ciudades se encuentra en las diferentes decisiones institucionales que prevalecen en Barcelona y Madrid”. En este sentido, Madrid “estuvo dominada durante mucho tiempo por una constelación de grupos sociales, económicos y culturales pequeños y relativamente débiles, incapaces por sí mismos de dar forma a la dirección de la ciudad y, luego, obligados a interactuar entre sí. Esto creó un ecosistema en el que la vinculación entre pequeños grupos era la norma, lo que condujo a la formación de una sociedad más abierta e inclusiva, lo que facilitó la transformación de ideas y talento en actividad económica”.

Los autores manejan las informaciones de Giner, Santa-María y Fuster de 2017, que sostienen que Madrid se ha convertido en el destino preferido para establecerse por las empresas nacionales e internacionales de suspensión crecimiento, y su Bolsa ha crecido hasta convertirse en una de las mayores de Europa. El tránsito aeroportuario además es un indicador. En 2019, los aeropuertos de Madrid y Barcelona estaban entre el botellín y el sexto más grandes de Europa, tanto en tráfico como en pasajeros. Muchos estudios anteriores a éste no se han puesto de acuerdo acerca de las causas, que han sido atribuidas a la concentración de poder de Madrid, a la pervivencia de la centralidad y del sistema radial del transporte y las comunicaciones españolas, y además a la presencia de la concentración económica en Madrid.

Como conclusión, los autores creen que tanto Madrid como Barcelona son y han sido las grandes potencias económicas de España, aunque en las tres últimas décadas, Madrid se ha avanzado a Barcelona en prácticamente todos los indicadores económicos, convirtiéndose en una ciudad mucho más sobresaliente y centro esencial de la actividad económica de España, quedando Barcelona relegada a un segundo plano decreciente. Parte de la yerro de éste proceso de avería de Barcelona, que acusa toda España en caudillo, se achaca al proceso independentista. Barcelona, para los autores, podría haberse convertido en la caudal económica de España, como ocurre con Milán en Italia, pero ese momento parece suceder pasado, porque Madrid es la caudal política y administrativa pero además la económica.

Como en el caso de la ciudad canadiense de Montreal, terminan Rodríguez-Pose y Hardy, un entorno comunitario dividido en Barcelona ha “generado bajos niveles de confianza y ha llevado a una desliz de décimo en actividades económicas constructivas, lo que ayuda a entender la razón de por qué grupos, individuos y empresas han vacilado a la hora de cooperar en nuevas iniciativas”.

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