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Exlíderes de las FARC se declaran culpables del homicidio del político Álvaro Gómez Hurtado

Exlíderes de las FARC se declaran culpables del asesinato del político Álvaro Gómez Hurtado

Bogotá
Actualizado:05/10/2020 11:44h

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En Colombia, un país de tantas muertes violentas, no puntada con declararlas: hay que probarlas. Eso es lo que tendrán que hacer los excomandantes de la banda de las FARC, quienes en una carta dirigida a la Probidad Singular de Paz (JEP), tribunal de la honradez transicional establecido por el Acuerdo de paz firmado en 2016, anunciaron que delante dicha instancia hablarán de su responsabilidad en el homicidio de Álvaro Gómez Hurtado, uno de los magnicidios que hace 25 primaveras sacudió al país y que desde entonces ha sido uno de los casos más investigados, menos esclarecidos pero eso sí con las mayores conjeturas de la historia fresco colombiana. Uno de esos crímenes que avanza poco y cuando lo hace, queda atrapado en una calle ciega.

¿Pero lo dicho por la antaño comandancia de las FARC y hoy dirigencia del partido FARC sí da luces sobre el caso y aporta la verdad, como pretenden? Muchos líderes de opinión pública y políticos, del presidente Iván Duque para debajo, cuestionan no la posible billete operativa de la exguerrilla en el homicidio, sino el momento en que vienen a decirlo y los intereses de terceros que puedan esconder al admitir ese crimen que, bajo la JEP, quedaría ostensible, pero no será ya motivo de condena procesal. Al respecto Duque señaló que «obtener esos crímenes, cuando ya hay garantías de que nadie va a avalar gayola, no deja de originar dudas, sospechas, preocupaciones». 

Otros, como la grupo Gómez Hurtado, hijos o sobrinos del líder conservador asesinado, no creen en este locución del caso ni en esa verdad de la FARC e insisten, como lo vienen haciendo hace primaveras, pero sin aportar pruebas contundentes –que dicen pronto saldrán a la luz pública-, que fue un crimen de Estado orquestado por personas del gobierno del entonces presidente Ernesto Samper Pizano, el cual escasamente terminaban el primero de cuatro turbulentos primaveras de un mandato horadado por la entrada de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial, gobierno fuertemente cuestionado en su licitud por el propio Álvaro Gómez Hurtado.

Este domingo, Samper y su ministro del Interior en 1995, Horacio Serpa, quienes siempre han obtuso cualquier relación con el regicidio, madrugaron a declararse igualmente sorprendidos al resto del país por las afirmaciones de puño y giro de la FARC, e inclusive se declararon víctimas del extenso silencio de las FARC pues afirman que han sido 25 primaveras de acusaciones en su contra, que podrían incluso durar a los estrados judiciales por calumnia y difamación.

Viraje de la historia

Esta ringlera de investigación con la banda de las FARC como protagonista nunca había sido considerada seriamente. Pero las cosas cambiaron a inicios de septiembre, cuando la exsenadora Piedad Córdoba lanzó dio el nombre de las FARC, exigiéndoles que dijeran la verdad sobre el crimen de Gómez Hurtado, cosa que sorprendió a los colombianos. Por otra parte, afirmó tener pruebas que los vinculan al regicidio y por las cuales ha sido llamamiento por la Fiscalía a entregar evidencia esta misma semana, donado que el caso Gómez Hurtado no prescribe y esa entidad le ha donado un nuevo éter a ver si finalmente logra desenmarañarlo.

Algunos insisten aún hoy que el homicidio de Gómez Hurtado (noviembre de 1995) fue producto de un vago techado del gobierno Samper, en exclusivo lo señala su sobrino y cabecera del caso a nombre de la grupo, Enrique Gómez Martínez, quien desestimó en declaraciones a la revista Semana que fuera obra de la banda de las FARC, argumentando que ni a Córdoba ni a las Farc o a la JEP, como instancia procesal, se les puede creer o respaldar, en exclusivo porque si dicho tribunal asume el caso, las investigaciones pasarían de la Fiscalía a ese tribunal, donde el rótulo de regicidio y las imputaciones o reparaciones que de allí puedan derivarse quedarían reducidas a uno más de los crímenes de la banda, dándole finalmente poco así como un entierro de tercera.

Pero, en teoría, hay otra ringlera de investigación que es su momento tuvo despliegue y ahora parece desdibujarse: un clase de militares retirados, y seguramente uno que otro activo, en alianza con fuerzas políticas de derecha y con sectores poderosos del país conspiraron para derrocar a Samper, supuestamente con el aprobación del gobierno de Estados Unidos, crear un gobierno de transición liderado por Gómez Hurtado, sin duda la figura del Partido Conservador más respetada del país, cosa que el incluso periodista y pintor supo y rechazó. Por eso la determinación habría sido silenciarlo.

¿Verdad de no creer?

¿Entonces, cuál es la verdad? Acertadamente puede ser la que dice tener la dirigencia de la Farc. En 2012, paradójicamente, uno de los alfiles del expresidente Álvaro Uribe Vélez, el senador José Obdulio Gaviria, conoció unas cartas del mayor líder de la banda de las Farc, ‘Tirofijo’ (Pedro Antonio Marín) en las cuales afirmaba que esa banda había sido la autora del homicidio de Gómez Hurtado. Esas cartas hacen parte de una colección hecha por Gaviria, que volvió un texto que inclusive fue avalado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Todo el país quiere que la Farc diga la verdad, que acepte el sustitución de menores, los secuestros inhumanos, la violencia sexual contra sus propias guerrilleras, entre otros crímenes y abusos. Entonces sacan una carta haciéndose cargo de cinco asesinatos – del colegial y negociador de paz Jesús Antonio Bejarano, del genérico Fernando Landazabal Reyes, del líder combatiente del M-19 Hernando Pizarro Leongómez y del congresista Pablo Emilio Guarín-, incluido el de Gómez Hurtado, pero ahora hay dudas de si creerles o no.

El problema para los excomandantes de las Farc es que no se les cree ni cuando dicen verdades ni cuando acomodan hechos y mucho menos cuando mienten. Posteriormente de meses de ser criticados por no hacerse cargo de sus delitos y decirle la dura verdad al país, cuando en teoría la dicen siquiera se les cree. Deben aportar las pruebas, deben despejar toda duda de que fueron los autores materiales e intelectuales, o si se aliaron con terceros, que lo digan incluso. La verdad no puede seguir siendo una carta que se baraja a conveniencia.

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