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El Rey vive su peor momento en el aniversario del discurso que le hizo triunfar

El Rey vive su peor momento en el aniversario del discurso que le hizo triunfar

Casi tres millones de catalanes se pusieron delante de la televisión hace tres abriles ahora, un 3 de octubre de 2017,  para escuchar el mensaje de Felipe VI solo dos días posteriormente de que la Generalitat organizara un referéndum ilegal para consolidar la independencia parcial declarada por el Parlamento catalán y suspendida al minuto ulterior. 

Fue el bautizo de fuego del Rey, su particular 23-F para ganarse el puesto como su padre hiciera en 1981 frenando el Asalto de Estado encarnado en la figura de Tejero gritando «todo el mundo al suelo» en el Congreso de los Diputados, en el que solo resistieron en pie, desafiantes, el presidente Adolfo Suárez y el Caudillo Gutiérrez Mellado.

Aquel día de hace tres abriles, en todo el país se acercaron a esta ‘Nochebuena’ adelantada 12.5 millones de ciudadanos, lo que aún da más valía al abrumador éxito del mensaje efectivo en la Cataluña que, según los soberanistas, no tiene defensores de la pelotón de España: el 25% de todos los espectadores que tuvo el mensaje de don Felipe estuvieron en Barcelona, Tarragona, Lleida o Girona.

El Rey cosechó en Cataluña el 25% de la audiencia total de España con su discurso histórico del 3-O, hoy enterrado

La audiencia del Rey no fue ni casual ni pasajera: por mucho boicoteo que, desde hace lustros, el secesionismo haga de todo lo que le huela a España; el catalán medio se acerca de forma multitudinaria y doméstica al país que le niegan sus autoridades. 

Un reseña lo atestigua: la final de la Eurocopa de 2012, entre España e Italia, fue el software más pasado de la historia televisiva de Cataluña, por mucho que dirigentes como Ada Colau hicieran lo impracticable para evitar la instalación de pantallas gigantes en Barcelona. Pues adecuadamente, el discurso de un Rey hoy ninguneado por el Gobierno, superó en audiencia a aquel hito de los Iniesta, Casillas y compañía. 

 

La Constitución más votada

La intervención del Rey en la que defendió con energía la pelotón de España, que el entonces presidente Rajoy reclamó y el entonces candidato Sánchez no criticó; confirma la tendencia de Cataluña a acercarse a la Carta Magna y a España cuando la asfixiante entorno del separatismo no lo puede evitar.

 

Otro reseña histórico lo confirma: la contemporáneo Constitución tuvo en Cataluña un porcentaje maduro de refrendo en referéndum que el de Madrid, sobrepasando incluso a Madrid. Eso le ha granjeado al Monarca el odio permanente del independentismo, que en combinación con Podemos lleva semanas desatando una ataque contra la Corona que Sánchez no ha sabido o querido frenar. Un mensaje de Gabriel Rufián en las últimas horas lo resume todo:

 

 

Contra el Rey

Pasado ese tiempo, es más ligera encontrar ataques a la Casa Positivo que semblanzas del hito que, probablemente, frenó más el desafío separatista y activó los medios del Estado de Derecho, culminados con una sentencia por sedición del Tribunal Supremo a todos los políticos insurgentes, con Oriol Junqueras a la persona; y con la fuga de Puigdemont.

Desde entonces, el aislamiento de la Corona ha sido progresivo, y por primera vez procede del propio Gobierno: Sánchez no ha desencajado en su defensa públicamente nunca desde que, a los desprecios soberanistas, se le sumaran los del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y los de los ministros Alberto Garzón y Manuel Castells.

Contra el Rey

Al contrario, los problemas de Juan Carlos I, en un «confinamiento» oficioso por imposición de Moncloa aceptada por Zarzuela, han servido de plataforma para aumentar la presión a la Corona, discutida como nunca desde 1978. Si hace tres abriles don Felipe se granjeó sus mayores cuotas de popularidad con aquella intervención; 36 meses posteriormente el proscrito parece él. 

«No nos hagan nuestro trabajo«, sentenció Iglesias esta semana en el Congreso en relato a las palabras del PP en defensa del Monarca que, a causa del líder de Podemos, colocaban a don Felipe en la «derecha» y legitimaban la puesta republicana. Hubo silencio en la Casa Positivo, como lo ha habido desde el 3-O de 2017, del que ahora se alcanza un cumpleaños grisáceo y otoñal que entonces nadie presagiaba.

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