Economía

Casi la porción de los trabajadores se jubilan antiguamente de tiempo y son los que más cobran

Roberto Pérez


Actualizado:05/10/2020 01:58h

Velar

Cada año que pasa se amplía un poco la vida ordinaria de compensación para intentar capear los crecientes números rojos del sistema de la Seguridad Social. Pero la ingenuidad demuestra que ese «parcheo» surte poco objeto práctico. En estos momentos, la vida ordinaria de compensación está en los 65 primaveras y 10 meses. Sin requisa, al punto que una tercera parte de los que se jubilan lo hacen a esa vida. Dos de cada tres se jubilan con menos de 65 primaveras y 10 meses, y la decano parte de ellos sin activo cumplido siquiera los 65.

Como se ha indicado, actualmente la compensación ordinaria es a los 65 primaveras y 10 meses -el borde va subiendo año tras año-. La otra alternativa es retirarse con 65 primaveras cumplidos, si se tienen al menos 37 cotizados. La tercera opción es la que en sentido ajustado se considera compensación anticipada: consiste en retirarse antiguamente de cumplir los 65 primaveras. Omitido colectivos y condiciones excepcionales, la compensación anticipada voluntaria exige dos requisitos: tener al menos 63 primaveras de vida y 35 cotizados.

Pues acertadamente, actualmente el 40% de quienes se retiran en España lo hacen acogiéndose a la compensación anticipada. Y, del resto, aproximadamente la porción se jubilan en cuanto tienen 37 primaveras cotizados, lo que les permite retirarse con 65 primaveras de vida en vez de tener que esperar a la vida ordinaria que está fijada actualmente en 65 primaveras y 10 meses, y que irá creciendo progresivamente hasta proyectar en los 67 primaveras en 2027.

Prejubilados con altas cotizaciones

En epítome, una gran parte de quienes se jubilan en España lo hacen antiguamente de tiempo y, por otra parte, son los que cobran pensiones más altas. De media, los prejubilados parten con pensiones casi 500 euros mayores que quienes se retiran a la vida lícito. Según los datos oficiales de la Seguridad Social, entre enero y julio de este año, a los que se han retirado antiguamente de cumplir los 65 les ha quedado una pensión media de 1.704 euros mensuales. Sin requisa, entre quienes se han retirado con 65 primaveras o más, la pensión media asciende a 1.238 euros.

Según indican los expertos, la explicación radica en que quienes se prejubilan son los que cuentan con cotizaciones más elevadas, que es precisamente los que hace que les salga a cuenta retirarse de forma anticipada. En ese agrupación se incluyen todavía ciertos colectivos minoritarios con regímenes especiales que priman sus jubilaciones prematuras, caso de mineros, policías o bomberos.

Jubilarse antiguamente de cumplir los 65 primaveras se penaliza con una merma en la pensión. Por cada año anticipado se resta un 8% sobre la pensión que se cobraría si se esperara a la vida lícito. Es opinar, si un trabajador tiene cotizados 35 primaveras y se quiere retirar a la vida de 63 en vez de esperar a los 65, su pensión será un 16% inferior a la que cobraría si no se jubilara de forma anticipada.

Vistas las estadísticas de jubilaciones anticipadas que se dan en España, esa penalización no parece tener un objeto disuasorio en realidad efectivo. Menos aún en un país en el que su espinoso mercado gremial no facilita una larga vida profesional: los cortaduras de plantillas se ceban con los trabajadores de más vida, que en gran parte acaban abocados a convertirse en parados de larga duración.

A más prejubilaciones, peor para la caja de la Seguridad Social: por cada compensación anticipada hay un cotizante menos y un perceptor más. «Y hay que tener en cuenta que, normalmente, los que se jubilan de forma anticipada son profesionales con cotizaciones muy altas o en máximos, mientras que los que más aguantan en activo suelen ser los que tienen cotizaciones más bajas», explica el abogado y economista Luis Martín, del despacho Abencys, especializado en reestructuraciones de empresas, procedimientos concursales.

Penalizar las prejubilaciones

El ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, lleva tiempo anunciando un endurecimiento en las penalizaciones que se aplican actualmente en las jubilaciones anticipadas. Es opinar, que el «mordisco» en la pensión supere el 8% anual por año. Considera que esa merma que rige ahora es demasiado pérdida, sobre todo teniendo en cuenta el inquietante agujero que arrastra el sistema de la Seguridad Social, que cada vez tiene que hacer frente a más pagos con menos ingresos por cotizaciones.

Luis Martín coincide en el diagnosis: con la penalización flagrante, prejubilarse compensa, sobre todo en supuestos de trabajadores con altas cotizaciones y a los que en cualquier caso les quedan altas pensiones. «Ahora, en la ejercicio, se prima más la compensación anticipada que mantenerse en activo y cotizando más allá de los 65 primaveras», indica Luis Martín Abencys.

Pese a lo abultado que puede parecer un retazo del 16% en la pensión por jubilarse con dos primaveras de delantera, la ingenuidad «es la mejor inversión para quien se acoge a esa fórmula, porque le van a fertilizar dos primaveras más de pensión, al entablar a cobrarla con dos primaveras de delantera», explica José Antonio Herce, presidente del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones. «Las penalizaciones que se aplican actualmente se han quedado bajas», por obsoletas. «Aunque se retocaron en 2011, las penalizaciones que se siguen aplicando a las prejubilaciones son básicamente las mismas que regían en los primaveras 90, pero con una ingenuidad totalmente distinta, porque la esperanza de vida aumenta en más de dos primaveras por plazo». A cordura de Herce, solo por ese incremento de la esperanza de vida, la merma aplicada a las jubilaciones anticipadas debería rondar el 10% anual, en vez del 8% que rige en la ahora.

Peligroso «objeto indicación»

El economista Javier Santacruz, director del fresco estudio «El batalla del envejecimiento desde una perspectiva integral», apunta que las jubilaciones anticipadas, por otra parte de perjudicar la finanzas de la Seguridad Social, siquiera benefician al tejido productivo castellano, porque el mercado gremial prescinde prematuramente de profesionales de amplia experiencia.

Respecto a la aplicación de mayores penalizaciones a la prejubilación que viene anunciando el ministro Escrivá, el economista Javier Santacruz coincide en el fondo, pero no en la forma. «Una medida de este calado tienes que anunciarla y ejecutarla de inmediato», para evitar una suerte de «objeto indicación» que genere una avalancha de solicitudes de prejubilación antiguamente de que la reforma se haga efectiva. «Si no se va a ejecutar de inmediato, es mejor no anunciar la medida», advierte Santacruz. Afirma que el pasado fresco demuestra ese «objeto indicación»: los ajustes que se realizaron en 2018 dispararon el número de jubilaciones, con una guarismo récord de las anticipadas.

En cualquier caso, los expertos consultados coinciden en que insensibilizar las condiciones de la prejubilación es necesario, pero en completo una medida suficiente para enderezar la caja de las pensiones. «La Seguridad Social está financiando la ineficiencia del mercado gremial, de la finanzas productiva»; es una alternativa por la vía de las prestaciones a aquellos que se ven expulsados prematuramente del mercado de trabajo, explica Santacruz. Por eso, los problemas de financiación de la Seguridad Social deben subsanarse reforzando sus ingresos por la vía de la política fiscal. Es opinar, que la Seguridad Social no dependa de las cotizaciones y de los préstamos que le concede el Estado para capear su agujero crematístico, sino que sus cuentas se nutran todavía de la cuestación por impuestos, por la solidaridad colectiva.

Una gran reforma irresoluto

José Antonio Herce coincide en que la Seguridad Social, en la ejercicio, hace primaveras que se usa «para arreglar desperfectos que le vienen del mercado de trabajo», que no es capaz de gestar empleo suficiente en número, calidad y estabilidad. «Tenemos un mercado de trabajo indigno de un país reformista, es tan malo que el empleo que desempeña un novato lo puede hacer un decano, y al revés, como si entre la coexistentes de un padre y la de un hijo no hubiera reformista la productividad», y el origen del problema -indica- está en el deficiente sistema formativo-educativo.

«En los países avanzados, los trabajadores senior hacen cosas que los jóvenes no saben hacer, y al revés. Los jóvenes tienen sus propios nichos de empleo, los de 40 los suyos, y los de más de 50 ó 60 los suyos. Pero eso no ocurre en España», lamenta el presidente del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones. Y esa carencia del mercado gremial acaba azotando a las cuentas de la Seguridad Social: retirada prematura de trabajadores; se pierden los ingresos por cotizaciones y, por otra parte, aumenta el pago en prestaciones.

«La reforma de las pensiones requiere un cambio de sistema, de maniquí, porque seguimos con el que funcionaba hace décadas, que no preveía una finanzas en ocaso y un envejecimiento demográfico como los que tenemos ahora», indica todavía el abogado y economista Luis Martín Abencys. Este habituado todavía aboga por que esa reforma del sistema de pensiones se haga apostando por la vía tributaria: humillar las cotizaciones a la Seguridad Social para donar la creación de empleo y liberar posibles que, a cambio, permitan obtener más ingresos por impuestos -Sociedades e IVA, por ejemplo-, y al mismo tiempo incentivar a los trabajadores para que inviertan en planes públicos o privados de pensiones.

A cordura de Luis Martín, emplazar sin más por una decano penalización de las prejubilaciones es un remiendo de escasa efectividad. «Urge un cambio de maniquí en la Seguridad Social, pero el problema es que los políticos lo que hacen es parchear para no adoptar medidas de calado que les puedan hacer perder votantes. Alargan un poco la compensación, incentivan aquí, retocan allá… pero el sistema lo que requiere es un cambio profundo», insiste.

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